Ministro de Gobierno afirma que comenzó desarticulación de grupos parapoliciales que operaron en el golpe de Estado
Ministro de Gobierno afirma que comenzó desarticulación de grupos parapoliciales que operaron en el golpe de Estado

El ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, informó este martes que comenzó la desarticulación de los grupos parapoliciales que operaron durante el golpe de Estado, como comprometió el presidente Luis Arce en el acto de recepción del informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-Bolivia) sobre los hechos de violencia de 2019.

“Ya hemos empezado a desarticular una de estas organizaciones parapoliciales que han generado tanto daño, tanta penumbra, tanto luto, dentro del territorio nacional”, dijo en una entrevista en Bolivia Tv.

La autoridad estatal explicó que el documento oficial menciona “textualmente” a la Unión Juvenil Cruceñista de Santa Cruz y a la Resistencia Juvenil Cochala de Cochabamba.

Además, Del Castillo dijo que el Ministerio de Gobierno tiene varias tareas para ejecutar con la Policía Boliviana, porque el informe del GIEI dio la línea para realizar una reingeniería en la entidad del orden.

“También nos da la tarea de que debemos responsabilizar a aquellas personas que han generado tantas vulneraciones a los derechos humanos en nuestro país”, aseveró.

El presidente Luis Arce recibió este martes el informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-Bolivia) y anunció el compromiso de la implementación de las recomendaciones del informe final, según los principios de la institucionalidad democrática y la Constitución Política del Estado.

En ese contexto, manifestó que se desestructurará toda organización parapolicial y grupos irregulares creados como fuerza de represión paralela durante el golpe de Estado, además de que se derogará el Decreto Supremo 4461 y establecerá una comisión del más alto nivel para avanzar en el censo de las víctimas y su correspondiente reparación integral.


 
Informe GIEI: Efectivos del Ejército utilizaron armas letales en operativo de Betanzos en 2019
Informe GIEI: Efectivos del Ejército utilizaron armas letales en operativo de Betanzos en 2019

El informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-Bolivia) establece, sobre los hechos suscitados en el municipio de Betanzos, del departamento de Potosí, que efectivos del Ejército utilizaron armas letales durante el operativo de desbloqueo de la carretera que conecta con Sucre (Chuquisaca).

“En relación con el armamento empleado por las fuerzas de seguridad, un informe del Ministerio de Defensa señala que los efectivos militares emplearon armamento tipo fusil de 7,62 mm, escopeta Mossberg 12 mayor con balines de goma, y pistolas de 37 mm con cápsulas de gas lacrimógeno. Sin embargo, el conjunto de pruebas indica que los efectivos del Ejército utilizaron armas letales”, detalla el documento.

El operativo policial y militar fue desplegado en la carretera de Betanzos el 12 de noviembre de 2019 con el argumento de “restablecer el orden público”. En ese operativo murió Marcelino Jarata y resultaron heridas varias personas.

Según los relatos de la viuda e hijas ante la Fiscalía, Jarata regresó del campo esa mañana y salió para sumarse a las protestas en defensa de la democracia. Horas después se enteraron de su muerte a través de las redes sociales.

“Escuché disparos en ráfaga y quería salir a ver qué había pasado. Después mi hermana me mostró un video en Facebook donde se veía que una persona había recibido un disparo. A partir de eso llamé al celular a mi padre y contestó otra persona quien me dijo que había muerto mi papá, me comentaron que lo dejarían en un lugar seguro y me pidieron que no les llamara porque los militares los perseguían”, señala uno de los testimonios incluidos en el informe.

El mismo agrega: “salí al cerro a buscar a mi papá con mi hermana y unos amigos. Ahí en el cerro encontramos su cuerpo sin vida, el cuerpo tenía un disparo en el ojo que atravesó la cabeza. Pedimos apoyo a los hospitales, pero nadie nos respondió, por lo que tuvimos que bajar el cuerpo de mi papá en una camilla y frazadas. Lo envolvimos en bolsas y lo bajamos entre todos al hospital ‘Roberto Loayza’”.

Según el informe de autopsia, la muerte de Marcelino fue ocasionada por un impacto de proyectil de arma de fuego disparada a larga distancia, que lesionó su rostro.

“En el curso de la investigación de esos hechos, la inspección realizada por la División de Escena del Crimen de la FELCC (Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen) y la pericia desarrollada por el IDIF (Instituto de Investigaciones Forenses), identificaron diversas señales de impactos de proyectiles de armas de fuego en piedras. Estos hallazgos confirman los relatos de testigos de que las fuerzas de seguridad dispararon armas de fuego desde distintos puntos. Son además consistentes con las heridas sufridas por algunas de las víctimas”, establece el informe.

También detalla sobre un número indeterminado de personas que resultaron heridas en el operativo, quienes, por temor a represalias y persecución, no buscaron atención médica y no denunciaron los hechos a las autoridades.

“Un registro en el Centro de Salud ‘Roberto Loayza’ indica que el 12 de noviembre ingresaron al hospital dos pacientes que habían resultado heridos durante el operativo conjunto policial militar en Betanzos. Juan Daniel Cuenca Oyala, de 19 años, ingresó con una herida por cuerpo extraño en músculo izquierdo. Los informes médicos dan cuenta de que su herida aparentemente fue causada por arma de fuego”.

De la misma forma, “Hipólito Condo Estrada, de 29 años, tenía una lesión traumática en la pierna izquierda. En su declaración ante la Fiscalía manifestó que cuando acudió al hospital Roberto Loayza para ser atendido, los médicos le dijeron que ‘si había ido a manifestarse, ahora era Evo quien le tenía que pagar los costos por su tratamiento médico’”, indica el informe.


GIEI: En Sacaba hubo masacre, ejecuciones sumarias y torturas que deben ser sancionadas
GIEI: En Sacaba hubo masacre, ejecuciones sumarias y torturas que deben ser sancionadas

En Sacaba, Cochabamba, militares y policías masacraron a manifestantes desarmados, realizaron ejecuciones sumarias, torturas sistemáticas y detenciones masivas el 15 de noviembre de 2019, según el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-Bolivia) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que incluye los nombres de los uniformados involucrados y de las unidades castrenses y policiales participantes.

El informe del GIEI indica que en esa fecha resultaron muertas 10 personas que intentaban llegar en una marcha pacífica hasta la ciudad de Cochabamba, al menos 98 resultaron heridas y 223 fueron detenidas.

El reporte de los Expertos es claro al solicitar a las autoridades competentes bolivianas que se identifiquen, procesen y sancionen a los responsables de esos hechos, así como se aceleren las pesquisas.

“El GIEI evalúa que las Fuerzas Armadas y la Policía fueron responsables por graves violaciones de los derechos humanos en el operativo realzado en Sacaba el 15 de noviembre de 2019. Las fuerzas estatales actuaron en violación de su obligación de respetar y proteger los derechos y libertades consagrados en la CADH y otras normas imperativas del derecho internacional de los derechos humanos”, indica una parte de su informe final.

“Como resultado, hubo una masacre con 10 civiles muertos y cerca de un centenar de personas heridas. Las pruebas indican, además, una mayor probabilidad de que las fuerzas policiales y militares del Estado actuaron con la intencionalidad de matar a las personas en la protesta, aunque estuviesen en fuga. El EAAF concluye que las lesiones que causaron las muertes permiten inferir que se debieron a proyectil de alta velocidad-fúsil. En los términos de la jurisprudencia de la Corte IDH, se podría, en ese caso, calificar las muertes como ejecuciones sumarias”, agrega el documento internacional.

El reporte realiza una detallada reconstrucción de los hechos previos a la marcha realizada por campesinos (hombres, mujeres y niños) del Trópico de Cochabamba con el fin de llegar al centro de esa urbe. La movilización tenía las consignas de “defensa de la democracia”, “respeto a la mujer de pollera” y rechazo a la “quema de la whipala”.

Los integrantes de la marcha no portaban armas de ningún tipo, según las pruebas y testimonios que fueron recopilados por el Grupo. “De cualquier modo, conforme a la investigación y la revisión hecha por el GIEI, no hay evidencia de que los manifestantes hayan disparado entre sí o contra las fuerzas de seguridad”.

En cambio, los militares y policías contaban ya con un Plan de Operaciones que estableció, de manera premeditada, que los marchistas no deberían llegar hasta el centro de la ciudad de Cochabamba. Pese al Plan, los uniformados hicieron creer a los marchistas que entrarían en negociaciones para permitirles el paso; sin embargo, sin previo aviso, lanzaron gases lacrimógenos, impulsaron el sobrevuelo de helicópteros, un avión caza K-8 y luego dispararon a los manifestantes.

Previamente, el comandante departamental de la Policía, Jaime Zurita, advirtió a un dirigente de la Federación de Campesinos que “si ustedes ingresan a la ciudad, los voy a cazar”, indica un reporte de la Defensoría del Pueblo citado por el GIEI.

Con la decisión de impedir el paso de la marcha, “el Informe de la Defensoría, testigos y videos revisados por el GIEI demuestran que la policía disparó dispositivos químicos directamente al cuerpo de los manifestantes”, indica el documento.

“La Policía comenzó a avanzar desde el Puente Huayllani en dirección al este (hacia Sacaba). Algunas personas se refugiaron en casas de vecinos, desde donde fueron sacadas y detenidas por la policía”, agrega.

“Múltiples testimonios relatan que policías o militares dispararon contra la multitud. Una testigo señaló que, unos cinco minutos después que la policía comenzara a lanzar gases lacrimógenos, empezaron los disparos. Otro herido entrevistado por el GIEI relató: ‘Después nos han empezado a disparar con los balines, con balas. […] Balines eran de metales, porque a mi cuerpo de mí me llegó balín de metales era […] Era la policía, aparte los militares nos disparaban con las balas’. Algunas personas relataron al GIEI que fueron heridas cuando trataban de ayudar a otras que habían sido alcanzadas por los disparos. Siete personas afirmaron al GIEI haber visto que dispararon a los manifestantes desde los helicópteros. No obstante, el Grupo no ha obtenido imágenes que comprueben este hecho”, indica el informe del GIEI.

“Otros videos revisados por el GIEI muestran a grupos de militares avanzando por la avenida Villazón hacia Sacaba disparando, incluso con ráfagas de balas”, añade el informe que indica que “producto de la represión en el día 15 fallecieron nueve personas por disparos de armas de fuego. Una víctima resultó gravemente herida y falleció el 11 de junio de 2020, como consecuencia del traumatismo craneoencefálico abierto por proyectil de arma de fuego”.

Las víctimas fatales, llevadas entonces a distintos hospitales, fueron: Emilio Colque León, Omar Calle Siles, Juan López Apaza, César Sipe Mérida y Lucas Sánchez Valencia, al Hospital México, donde llegaron sin signos vitales; Armando Caraballo Escobar, Roberto Sejas Escóbar y Plácido Rojas Delgadillo, al Hospital Viedma; Marco Vargas Martínez, a la Clínica María de los Ángeles donde fue derivado desde el Hospital Viedma. Julio Pinto Mamani ingresó en la Clínica María de los Ángeles y falleció siete meses después, el 11 de junio de 2020.

Las autopsias de los 10 fallecidos reportan lesiones vitales causadas o compatibles con proyectil de arma de fuego. Algunos hallazgos relevantes son:  Las lesiones fueron todas en abdomen, tórax y cabeza. Siete de las víctimas presentaban orificios de entrada y salida de proyectil de arma de fuego, lo que es indicativo de disparos con rifles y munición de alta velocidad. Solamente dos víctimas fueron alcanzadas por balas que penetraron de atrás para adelante.

Algunos nombres de militares y policías

De acuerdo con el Plan de Operaciones 04/19, el operativo en el Puente Huayllani fue implementado por la Policía y por el Comando Estratégico Operacional Central del Departamento de Cochabamba.

El día 15 se instaló un cordón policial-militar a la altura del Puente Huayllani, cuyo objetivo era impedir el acceso de los manifestantes a Cochabamba. De acuerdo con el plan operativo, la primera y segunda línea estaban conformadas por la Policía, la tercera línea por unidades del Ejército y la cuarta por efectivos de la Fuerza Aérea, indica el informe del GIEI.

La Policía actuó según la Orden de Operaciones 197/2019, “Operaciones Conjuntas Policial Militar para el restablecimiento del orden púbico” del Comando Departamental de la Policía de Cochabamba. A cargo de un coronel, se desplegaron 123 funcionarios policiales. De acuerdo con un testimonio recibido por el GIEI, la Policía reforzó el contingente con funcionarios de la Unidad de Operaciones Tácticas (UTOP) y con efectivos del Grupo Delta. En la segunda línea había 32 efectivos de la UTOP, 20 en motocicletas.

El día de la masacre de Sacaba, a las 14.00, se ordenó reforzar con una patrulla de satinadores, dos ECA (Equipo de Control Antidisturbios) de la Séptima División de Ejército ubicados en tercera línea en el Puente Huayllani. A las 14.15 envió dos ECA de la Segunda Brigada Aérea al Puente Huayllani (cuarta línea). A las 15.15 se reforzó el sector del Puente Huayllani con 200 policías más la unidad de respuesta móvil de la UTOP. Es decir, entre las 14.00 y 15.15, cuando aún no comenzaba el lanzamiento de gases, fue aumentando progresivamente la dotación de fuerzas de seguridad en el Puente Huayllani.

“Con respecto a las unidades del Ejército, informes de la Séptima División de Ejército y del Regimiento Policía Militar 3 permiten establecer que: A las 7.00, por orden del coronel DAEN Jorge Hidalgo Rojas, encargado de operaciones de la Séptima División, se trasladó al Puente Huayllani un ECA del Regimiento de Policía Militar 3 General Arze, a cargo del teniente de infantería Gonzalo Chávez Quispe, para controlar ‘explosivos y armas’ que pudieran portar los ciudadanos del Trópico. Los equipos de control antidisturbios se identifican por el nombre del oficial a cargo, por lo que esta unidad se denominó ECA Chávez y estaba compuesta por dos instructores, 10 alumnos y 43 soldados. Un segundo equipo de control antidisturbios ECA del Regimiento de Policía Militar 3, a cargo del mayor DEM Harold Sossa Montaño, ECA Sossa, recibió la orden de desplazarse a la rotonda El Castillo, kilómetro tres de la avenida Villazón”, indica el documento del Grupo.

“Es conocido, sin embargo, que además de las ECA estaba presente una patrulla de satinadores (tropas de élite del Ejército, compuesta también por francotiradores), cuyo número de efectivos no fue reportado. Además, según los mismos informes, al Peaje Huayllani, ubicado aproximadamente a 300 metros del puente del mismo nombre, se trasladaron dos ECA de reserva, un equipo del Regimiento Policía Militar 3, a cargo del mayor DEM Jorge Meneses Serrano, ECA Meneses y un equipo del Regimiento de Infantería Aerotransportada 18 'Victoria' a cargo del teniente coronel DEM Danny Cuadros Rojas, ECA Cuadros. De acuerdo a los informes, estas ECA no participaron del enfrentamiento”, añade el informe del GIEI.

Armas usadas y participación de la FAB

Respecto del armamento utilizado, los comandantes y cuadros de la ECA Chávez y Sossa portaban un total de “cinco fusiles SIG 510 cal. 7.62 y 20 fusiles FAL 7.62. Los soldados contaban con equipo antimotín, escudos, pistolas lanza gases Cal. 37 mm, escopetas Mossberg Cal. 12 mayor y agentes fumígenos de tipo balón y triple acción”. Además, algunos oficiales y cuadros portaban armamento de dotación personal.

Con base en los informes del comandante de la Séptima División y del comandante del RPM 3 y demás fuentes consultadas por el GIEI, es posible establecer que las tropas militares estaban fuertemente armadas. Si bien las fuerzas de seguridad afirman que emplearon solo munición no letal, es importante notar que las armas personales tenían munición letal de 9 mm. Aunque los fusiles SIG y FAL pueden ser utilizados con balines de goma, disparan con mucha energía y, por tanto, estos balines tienen potencial letal. El GIEI advierte que, en el caso concreto, las lesiones producidas revelan que hubo un uso de munición letal de alta velocidad, indica el documento del Grupo de Expertos.

De acuerdo con la información recibida por GIEI de la Fuerza Aérea Boliviana, en los operativos conjuntos intervinieron dos unidades: el GADA 92 (Grupo de Artillería y Defensa Antiaérea) y el GCAII (Grupo Contra Actos de Interferencia Ilícita) Simón Bolívar.

El GADA 92 informó que, por orden del CEO Central, “apoyó con dos camiones DONG FENG para el desplazamiento del Personal Militar de Cuadros dependiente de la II Brigada Aérea hasta el Puente de Huayllani”. El informe señala que su armamento reglamentario es de fusiles Aka y Galil, no obstante, el armamento no fue utilizado por el personal de cuadros, que no intervino en los hechos, ya que “se encontraba en la cuarta línea por detrás de la policía y el Ejército”. El GCAII Simón Bolívar, por su parte, realizó actividades de apoyo, en cumplimiento de disposiciones del comandante de la Guarnición Militar de Cochabamba, empleando fusiles Galil, con munición de fogueo y granadas de “gas tipo béisbol”.

Uso de fuerza letal

El documento del GIEI establece que “con el avance de las tropas policiales y militares hasta 200 metros más adelante en la carretera hacia Sacaba, las fuerzas de seguridad adoptaron una estrategia de enfrentamiento y no de defensa del acceso a Cochabamba. Con ese posicionamiento, las fuerzas de seguridad han promovido intensa represión en calles, casas y comercios, no solo con la detención de manifestantes, sino también con el uso de fuerza letal contra la población. Se refuerza la perspectiva de que el operativo no fue ejecutado con el único objetivo impedir el ingreso de manifestantes a Cochabamba”.

Se observa, además, que las fuerzas estatales se rehusaron a prestar asistencia médica a personas heridas y dificultaron la atención iniciada por médicos y enfermeros.

Los servicios públicos se movilizaron para atender de modo mínimamente adecuado a los heridos, pero aun así se perpetraron actos de discriminación y humillación por parte de algunos profesionales.

El Estado también incumplió con sus obligaciones internacionales en relación con la protección de los derechos humanos con la detención, en gran escala y sin evidencia de flagrante delito, de un número todavía indeterminado de personas. Además, el GIEI evalúa como verosímiles las denuncias de tortura y de violación del debido proceso legal en relación con los detenidos en Sacaba, señala el documento.

“Todos los hechos –y especialmente la probabilidad de existencia de tortura sistemática en las unidades de la FELCC– deben ser exhaustivamente investigados y los responsables procesados y sancionados. Igualmente, el Estado necesita adoptar medidas normativas y legislativas para adaptar los procedimientos de la policía y de la Fiscalía en la prevención de la tortura y para el perfeccionamiento de la aplicación de las normas del debido proceso legal”, agrega el reporte internacional.

“En lo que se refiere a las investigaciones y a la persecución penal de los responsables por la masacre, el GIEI advierte: i) la excesiva demora en avanzar la investigación, incluso con la pérdida de oportunidad para obtener imágenes de cámaras de establecimientos hospitalarios de la zona; ii) la ausencia de declaraciones de los policías y militares (Ejército y Fuerza Aérea) presentes en el lugar de los hechos; iii) la falta de pericia del IDIF sobre los daños al vehículo militar; y iv) la tentativa de imputar a uno de los manifestantes, sin pruebas robustas, la responsabilidad por las muertes. Se observa aún que las Fuerzas Armadas y la Policía no colaboran con la investigación. Como órganos del Estado, esas instituciones tienen el deber de prestar toda la información que sea necesaria al esclarecimiento de los hechos”, añade.


Informe del GIEI confirma que FFAA y Policía dispararon con armas letales en Senkata y cometieron una “masacre”
Informe del GIEI confirma que FFAA y Policía dispararon con armas letales en Senkata y cometieron una “masacre”

El informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-Bolivia) confirmó que las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana utilizaron armas letales en su intervención en la zona de Senkata de El Alto durante el 19 de noviembre de 2019 y que provocaron heridos y muerte de ciudadanos. Indica que lo sucedido fue una “masacre”.

“Las Fuerzas Armadas y la Policía no admitieron haber usado armas letales, las evidencias recabadas por el GIEI indican que los disparos que resultaron en muertos y heridos se originaron en estas fuerzas de seguridad”, se lee en parte del informe.

El documento recuerda que, en el contexto del conflicto electoral y protestas sociales, el 11 de noviembre de 2019, los habitantes de El Alto realizaron bloqueos en calles y avenidas. Uno de los principales cercos se realizó en las inmediaciones de la planta de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) de Senkata.

“Los bloqueadores cavaron zanjas frente a las puertas de la planta y realizaron vigilias para impedir la salida de camiones. Si bien las protestas en Senkata iniciaron el 10 de noviembre, las demandas se extendieron al repudio a la asunción de Jeanine Áñez a la presidencia y a otros temas políticos y sociales (sic)”, se lee en otra parte del informe.

Recuerda que vecinos simpatizantes del Movimiento Al Socialismo se oponían a que un régimen haya tomado el poder exactamente una semana antes, el 12 de noviembre, dos días después del golpe de Estado del 10 de noviembre de 2019, cuando el entonces presidente Evo Morales dimitió al cargo ante la escalada de violencia nacional y denunciara un golpe de Estado.

“El 19 de noviembre de 2019, el ejército y la policía ejecutaron un operativo conjunto con la finalidad de garantizar la salida de camiones de la planta YPFB de Senkata, ciudad de El Alto, para el reabastecimiento de combustible en el departamento de La Paz. Lograron organizar un convoy para la salida de 47 cisternas y camiones de garrafas de gas (sic)”, se lee en el informe.

“Luego de la salida de los camiones, alrededor de una centena de manifestantes derribaron partes del muro perimetral de la planta YPBF y quemaron cuatro vehículos incautados que estaban en desuso, en una zona de la planta sin uso operacional. Intentaron ingresar al recinto por un portón en el extremo sur de la planta. Las fuerzas de seguridad reaccionaron con un uso desproporcionado de la fuerza. Como resultado, diez personas perdieron la vida y alrededor de 78 resultaron heridas”, añade.

Ejecuciones sin amparo legal

El GIEI destaca que uno de los principales argumentos mediante los cuales las autoridades intentan justificar la actuación de las fuerzas de seguridad durante el operativo de Senkata se basa en la tentativa de los manifestantes de invadir la planta y provocar un incendio tras el derrumbe del muro.

El informe acota: “Independientemente de la efectiva cadena de mando sobre las distintas fuerzas que componían la escolta del convoy, el planeamiento y la orden para ejecución de la operación fueron del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas”.

“El GIEI constató que, a partir del derribamiento del muro, las fuerzas de seguridad desarrollaron una operación de persecución violenta en contra de los manifestantes, el cual resultó en un conjunto de ejecuciones sin amparo legal, a lo largo de seis horas, no solamente en la avenida 6 de Marzo y en el área directamente aledaña a la planta de YPFB, sino también en los alrededores. No se conoce la motivación para el ataque contra civiles, pero es posible concluir que la masacre fue resultado de la acción de los órganos de seguridad del Estado”, se lee.

Según las evidencias recabadas por el equipo de expertos, algunas autopsias realizadas identificaron que las lesiones sufridas por las víctimas fatales fueron producidas por cartuchos de 9 mm o de 22 (5,56 mm). Indica que el armamento utilizado por las Fuerzas Armadas en esas fechas es compatible con esos calibres, según la información recibida de las Fuerzas Armadas, parte de la tropa portaba pistolas de uso personal con munición de 9 mm y también fusiles Galil, los cuales utilizan proyectiles de 22 (5,56 mm) de alta velocidad.

“La dinámica de los hechos, la ausencia de pruebas que demuestren el uso de armas de fuego por los manifestantes y la compatibilidad entre las lesiones sufridas por las víctimas, los cartuchos hallados, las balas y el armamento utilizado por las fuerzas de seguridad, indican fuertemente que los disparos provinieron de sus armas”, añade el informe.

Respecto a las instalaciones de YPFB, los expertos aseguran que requerían de protección por parte de las fuerzas de seguridad debido a su importancia estratégica y a las actividades desarrolladas allí. Evalúa que dichas fuerzas de seguridad actuaron adecuadamente tanto para garantizar la salida del convoy de camiones, como para proteger la zona de “city gate” de la planta.

“Sin embargo, el empleo de fuerza en contra de los manifestantes tras el derribamiento del muro y el contexto de represión que se desencadenó, no respetaron el límite de lo necesario y la proporcionalidad entre el riesgo y la fuerza empleada. El uso de violencia letal por las fuerzas de seguridad fue excesivo e injustificable”, cuestiona el informe.

Las pruebas recabadas por el GIEI indican que la represión por las fuerzas de seguridad, además de haber ocurrido en gran escala, se extendió hacia áreas distantes de la planta de Senkata. “Esas informaciones refuerzan la conclusión de que las fuerzas de seguridad actuaron sin observar los criterios de necesidad y proporcionalidad”, sostiene.

Cuestiona que los heridos sufrieron discriminación, racismo y denegación de servicios médicos en diversos centros hospitalarios, bajo el argumento de que eran personas simpatizantes del MAS. En algunos casos, hubo negativa de atención médica a personas heridas de bala.

Hace mención a que una multitud de vecinos que componía la Marcha de los Féretros de El Alto manifestaba en La Paz su luto, dolor y revuelta en contra de las muertes ocurridas dos días antes. Pese a que la marcha era pacífica, “las fuerzas policiales y militares recurrieron a la violencia de manera innecesaria y abusiva”.

“El GIEI reconoce que el esclarecimiento de lo ocurrido y la definición de los responsables por las muertes y lesiones corporales presenta complejidad dentro de la investigación debido a la dinámica de los hechos. Además, el trabajo de la Fiscalía ha sufrido retrasos debido a la poca cooperación de las Fuerzas Armadas y la demora en la producción de pericias a cargo del IITCUP (Instituto de Investigaciones Técnico Científicas) y del IDIF (Instituto de Investigaciones Forenses). Sin embargo, se evalúa que el Estado tiene el deber de aplicar la debida diligencia para la investigación y persecución de esa masacre”, indica el GIEI en su informe.


Reportan que 19 personas fueron aprehendidas por tráfico irregular de ciudadanos haitianos que utilizan Bolivia como país tránsito
Reportan que 19 personas fueron aprehendidas por tráfico irregular de ciudadanos haitianos que utilizan Bolivia como país tránsito

Un total de 5.418 ciudadanos haitianos transitaron el país de manera irregular del 1 de enero al 12 de agosto de 2021, informó la directora de Migración, Katherine Calderón, quien explicó que 19 personas involucradas en la trata y tráfico de esas personas, fueron aprehendidas.

Calderón, en una conferencia de prensa junto al viceministro de Seguridad Ciudadana, Roberto Ríos, dijo que se estima que habitan unos 200.000 ciudadanos haitianos en Brasil, Chile y Perú. Ellos utilizan el territorio nacional como país tránsito, indicó.

La autoridad explicó que la mayoría de las 19 personas aprehendidas son transportistas que accedieron a trasladar a los migrantes indocumentados.

Ríos añadió que en breve se realizará una reunión entre representantes del Ministerio de Defensa, Gobierno, Fuerzas Armadas, Cancillería y del Ministerio de Salud para analizar la problemática del tránsito de ciudadanos haitianos por territorio boliviano y los posibles riesgos sanitarios que significa esos movimientos migratorios irregulares.  

Además, se realizarán talleres informativos dirigidos a dueños y encargados de hoteles y empresas de transporte con el fin de hacerles conocer que el traslado de ciudadanos haitianos de manera irregular se constituye en el delito de tráfico de personas, el cual está sancionado por la ley.

El Viceministro indicó que los ciudadanos haitianos con considerados como víctimas del tráfico de personas.


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