Portada de El Diario, el periódico boliviano más antiguo, anuncia el final de la guerra. Foto ABI, hemeroteca Vicepresidencia del Estado.
Fin de la Guerra del Chaco: Al estruendo del cañón, le reemplaza las campanas llamando a misa

Fin de la Guerra del Chaco: Al estruendo del cañón, le reemplaza las campanas llamando a misa

La Paz, 14 de junio de 2019 (ABI).- La Guerra del Chaco —que se libró entre el 9 de septiembre de 1932 y el 14 de junio de 1935— fue la más importante en Suramérica en el siglo XX.

El cese de las hostilidades se acordó el 12 de junio de 1935 pero los combates entre bolivianos y paraguayos continuaron en el frente de batalla hasta el mediodía del 14 de junio.

La Noche, un vespertino paceño que circuló en la década de los treinta, describió las últimas horas de la guerra en una entrevista al coronel Bernardino Bilbao Rioja, a quien el Estado tardíamente, cinco décadas después del final del conflicto, y tres de fallecido, le reconoció con el grado de Mariscal de Kilómetro 7.

El gran defensor del petróleo responde al periodista.

Toda la noche, hasta el amanecer, han tronado todavía los cañones.  Han muerto estéril e inultamente muchos inocentes.

Si hubiera relojes en las líneas. Los soldados querían que de una vez dieran las 12.00 de hoy, 14 de junio de 1935.

Y aquí, en Villamontes, esperamos que por los caminos del cielo lleguen los aviones que nos traerán la seguridad de la paz.

Mientras en todos los corazones hay júbilo y todos sonríen ya, plenos de esperanza, he requerido conocer el pensamiento de algunos dirigentes de la guerra.

Ya habrá tiempo de decir lo que vimos, por el momento es de más provecho escuchar:

Entrevisto al coronel Bernardino Bilbao Rioja. Lo hallo como siempre, frente a su mesa de trabajo.

Al estruendo del cañón en este momento, ha reemplazado el tañer alegre de las campanas de San Francisco, llamando a misa.

- Tenemos paz, mi coronel.

Así es.

- ¿Qué recuerdos tiene usted de la campaña?

Deje que en este momento olvidemos todas las amarguras de la campaña, todos sus sinsabores, para saborear mejor la alegría que nos trae la paz que tanto hemos anhelado.

Yo, por mi parte, puse en la guerra todo de lo que fui capaz e inspiré mis actos en los hombres preclaros que como Camacho, el general Pérez y Campero dieron a la patria su talento militar y su honradez de hombres de veras. Si no pude imitarlos en su genio militar, me esforcé en copiar virtudes.

- Pero, mi coronel, algún recuerdo, algo…

Olvidemos todo. Hubo muchas cosas que dañaron a los hombres y que es necesario no recordarla más para que así, la guerra, el sacrificio horrendo y enorme, no sea estéril. Que las cenizas que se calcinaron en las trincheras abonen las conciencias y la tierra para hacerlas más fecundas.

- ¿Y sus propósitos para después?

Descansar.

- ¿Nada más? Ya sé que usted tiene derecho a ello, pero…

Y Bilbao, el defensor de Villamontes, no quiere hablar más.

En su mesa de trabajo una esquela de S.E el presidente de la República, rinde a este valiente, a este honrado militar, el homenaje que merece, anunciándole que días antes del final de la contienda había sido nombrado jefe de Operaciones del Comando Superior.

Pero ya la guerra ha terminado.

Alto, dejemos de escribir, el Himno Nacional resuena en el patio del cuartel del sector. Están dando las 12.00.

Cómo estarán alegres los corazones.

Ya no oiremos más los cañones.

Villamontes, 14 de junio de 1935. La Noche, Escribe Saturnino Rodrigo.

Rdc/Mac

 


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