La gran tea
La gran tea

La gran tea

La Paz tiene un encanto que no se encuentra en las demás ciudades del mundo. No puedes compararla con otras urbes de Bolivia y lejos se quedan las megalópolis de los países desarrollados en las que se congregan millones de personas (en algunos casos, más que toda la población de mi país).

Su caos viviente, que discurre por entre sus calles casi verticales. Sus casas a ladrillo vivo. Sus mercados apropiándose de las avenidas. Sus cargadores (aparapitas les decía don Jaime Saenz). Su calle de las brujas. Su Sopocachi tan prendido y nostálgico del movimiento nocturno (especialmente ahora que hay que cuidarse de todo contacto humano). Su caída en picada por la Avenida Kantutani. Su mural de colores en Chualluma, viendo cómo se construye cultura desde el Teleférico. Todo eso y más hacen de La Paz un espacio que te invita a vivir detrás de las esquinas, a ver qué más hay después de la subida.

Esta ciudad, que recibe con abrazos a todas y todos los que vienen a buscar futuro, desde sus lugares de origen, por distintas circunstancias, ha tenido en los últimos años un abandono sistemático, por lo menos de una buena parte de su territorio. Y hay que decir con claridad que Administrar no es lo mismo que dejar pasar las cosas para que no llamen la atención, que es lo que ha ido pasando en varios lugares y con varios sectores en la ciudad de La Paz.

Su cercanía con la ciudad de El Alto y su condición de centro económico de la región metropolitana ha hecho que el liderazgo de esta ciudad sea vital para el desarrollo del conjunto de los municipios que están alrededor. Si dejamos que la desidia y la indolencia se hagan cargo de los rumbos de esta ciudad, seguro tendremos resultados como los que encontramos hoy en sus calles.

Esta realidad no es exclusiva de la ciudad de La Paz, pues las administraciones municipales en los últimos años han hecho de las ciudades, tierras de nadie y, por tanto, espacio propicio para que el más fuerte o el más “vivo” haga de las suyas y se imponga sobre la necesidad de las mayorías y la urgencia de consenso para darle respuestas equilibradas a los grandes problemas de nuestros centros urbanos.

Esta ciudad de La Paz, en cuyo núcleo se deciden los rumbos de buena parte del territorio nacional y donde las fuerzas políticas y sociales despliegan sus mecanismos de cooptación, ha quedado a la deriva los últimos años, mientras comerciantes, transportistas, servidores públicos y demás ramas laborales hacen lo que pueden y, en algunos casos, lo que les da la gana, mientras calles, espacios públicos, parques, y otros, muestran hace muchísimo tiempo los rasgos indiscutibles del abandono de la administración municipal.

Esto sucede por una parte de la ciudad. Mientras en las laderas, en el norte y en el centro las calles se caen a pedazos y los parques son un triste recuerdo de lo que en algún momento se mostró como un ejemplo para la gestión del espacio público adecuado para que las familias paceñas puedan aprovechar y disfrutar de un lugar digno de ser visitado recurrentemente; allá, por el sur, uno puede ver con admiración avenidas novísimas, espacios públicos bien organizados y centros de recreación que no le envidian nada a ninguna ciudad de Latinoamérica.

Esta situación nos hace pensar con muchísima preocupación en una especie de discriminación territorial que, al final de cuentas, tiene consecuencias en la calidad de vida de las familias que deben vivir en estos lugares que han resultado olvidados, por temas políticos, raciales o quién sabe cuáles, por las autoridades de turno.

A pesar de ello, esta nuestra ciudad de La Paz nos entrega con dedicación un espacio para desarrollar nuestras actividades y encontrarnos, más allá de nuestras discrepancias y nuestras diferencias, para pensar, juntos, en un futuro para nuestras wawas.

Los mensajes que hemos recibido hasta el momento de la nueva administración, no parecen estar lejos de aquello a lo que ya estamos acostumbrados. Encender una inmensa tea en el centro de la ciudad, más allá de un simbólico acontecimiento que rememore un hecho que se reconoce como histórico para la vida de esta ciudad, no presenta mayores indicios sobre una administración novedosa, innovadora y equitativa. Ni la tea ni la ausencia de gestión en temas urgentes, como la salud, la basura, el servicio de transporte y el cuidado de los espacios públicos, han demostrado que vayamos en un rumbo diferente al que ya hemos recorrido con las anteriores administraciones. Quedarnos en ello significará dejar nuevamente a toda esta población de bolivianas y bolivianos dispuestos a construir futuros promisorios para sus hijos e hijas, en la incertidumbre y en la necesidad de esperar otros cinco años más a que los líderes de la ciudad se condigan con el esfuerzo y la dedicación permanente de sus conciudadanos.

Hoy, las nuevas autoridades tienen la oportunidad de demostrar que una gestión municipal equilibrada territorialmente y pensando en la gente que vive en esta hoyada es posible; que se pueden hacer cosas diferentes; que se puede pensar en todas y todos y que por, sobre todo, se puede apostar por ese espacio de encuentro de aquellos discordes, que lograron concordia, para fundar un pueblo de La Paz, para perpetua memoria.

Javier Delgadillo Andrade


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