¿A quién le importa? A todos
¿A quién le importa? A todos

¿A quién le importa? A todos

Sin importar quién sea quien, la clase social o el estrato moral, la capacidad intelectual o el fanatismo que profese, el colectivo social siempre pone en tela de juicio las libertades y la privacidad de las personas, en el caso específico de la comunidad “LGBTIQ+” los prejuicios se tienen a disposición de metros de distancia, gente “heterosexual” que exige su derecho a dejar en escrutinio las vidas ajenas, que desde su punto de vista no comulgan con los valores colectivos de “su” vida en sociedad.

Los moralismos exacerbados de una sociedad ya de por sí muy hipócrita, no hacen más que desdeñar los derechos de aquellos que no encajamos en sus “normas de relacionamiento”, segregando con violencia a todo aquel que presente alguna diferencia, ya sea su orientación sexual, su condición física o mental, su origen étnico e incluso cínicamente la ubicación geográfica de su domicilio. La sociedad, el patriarcado en realidad, acompañado de los mecanismos capitalistas, han marcado lo que es correcto y aquello que no.

Aunque muchos nos la pasamos luchando contra el paternalismo de esta sociedad heterocentrista, que nos toma de la mano para darnos panfletos de cuidado y de amor entre pares, hay tantos traidores a la causa que se sumergen en los deseos de nuestros queridos y tan correctos amigos heterosexuales, donde la inclusión en la colectividad no es más que una utopía, pero la segregación controlada de la población TLGB y la adecuación de sus perfiles de vida a la heteronorma se convierten en deber ser, para ejemplo están los intentos desesperados por normalizar las uniones a través del matrimonio, o de sesgar las percepciones de la discriminación respecto a si el aliado la comete o no, imprimir en el colectivo la idea de la realización personal a partir de la “inclusión” al sistema heteropatriarcal, cuando más bien resulta mucho más adecuado percibir que lo que se logra es solamente la tolerancia condicionada de los heterosexuales hacía nuestras vidas, siempre y cuando cumplamos con las exigencias sociales y morales de las suyas.

El 17 de mayo de todos los años, desde 1990, recordamos con pesar que alguna vez este mismo sistema injusto, heterocentrista y patriarcal, decidió catalogarnos como enfermos, como personas mentalmente inestables, como personas ajenas a la razón, tan solo por gustar de nuestros cuerpos idénticos y por expresar nuestros amores en libertad y en público, resulta agridulce recordar esta fecha ondeando una bandera que no necesariamente representa a la comunidad, que sino transfiere el sentir de los financiadores de las ONGs y la afinidad política de los “activistas”, y que si bien en este mundo de libertades cualquiera puede ejercer, resulta vomitivo teñir de la Star Spangled Banner la lucha colectiva de maricones , marimachas y travas que se atrevieron a desafiar a las más cruentas dictaduras (ampliamente auspiciadas por ya saben quién) con tal de vivir en paz y libertad.

Para el 28 de junio, la historia no solo es distinta, sino grotesca, en una fecha donde la heterosexualidad imperante alza sus brazos y con condescendencia burlona adorna sus negocios, asimilando la idea de la diversidad desde lo putrefacto y comercial que impone el capitalismo, organizando marchas (que por la coyuntura ahora son virtuales) imprimiendo el sello nacionalista de Lady Gaga y su apoyo ferviente a la política de su país en la narrativa de un orgullo “libre e igualitario”, omitiendo que esta igualdad solo se aplica si eres blanco, si tienes plata, si eres macho y si, apropiadamente al canon heterosexual, llevas una vida “correcta y limpia” que esté acorde a los intereses del financiador.

Comprender la lucha de quienes nos han precedido no solo implica abrazar las lentejuelas y el maquillaje, que aunque expresan la gloria de nuestras vidas y el regocijo de nuestra marginalidad, también militar desde nuestras bases, supone reconocernos en el maricón de la esquina que meneaba sus caderas con ahínco para otorgarnos leyes y derechos de las que nunca pudo disfrutar, aceptar la transexualidad de la niña trans de sociedad fotografiada por la sección de sociales no es vivir en libertad, lavarle la cara al más fascista de los alcaldes solo por unas cuantas banderas arcoíris colgadas como un trapo en el palacio consistorial no es luchar, aceptar la ayuda sobre “Derechos Humanos” de un país que los vulnera a diario no es ser “aliado”, reconocer un día en el cual mujeres trans, negras y latinas se agarraron a golpes por ser libres en el hogar de la “Señora Libertad”, sin reconocer la lucha de los nuestros no es estar orgulloso.

A todo el mundo le interesa imponer sus ideas sobre los cuerpos de quienes no siguen su camino, que no seamos nosotros los LGBTIQ+, TLGB, Maricones, Marimachas y Travas quienes también castremos nuestra propia libertad.

Rebeldía y amor colectivo, como Marsha y Sylvia, siempre en nuestros corazones, esito les deseo este día, que es uno de los tantos miles de días que he vivido con orgullo ser el fabuloso maricón que soy.

Leonel Inti/.



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