¿Fujimorismo nunca más?
¿Fujimorismo nunca más?

¿Fujimorismo nunca más?

Foto: Facebook Perú Libre - Pedro Castillo

 

“Existe la realidad, la ficción y el Perú”

El próximo 6 de junio tendrá al Perú de cara a una segunda vuelta transcendental, donde Pedro Castillo —alias "el profe"— y Keiko Fujimori —hija del controvertido expresidente Alberto Fujimori— disputarán la presidencia de un país que atraviesa una profunda crisis política, sanitaria y económica provocada por la pandemia, el modelo económico y el divorcio de la clase política respecto a una sociedad empobrecida, hastiada de la corrupción y cada vez más apática de sus instituciones.

No es casualidad que solo el 40% de los electores que acudieron a sufragar en la primera vuelta se hayan decantado por las figuras de Castillo y Fujimori. El primero, un profesor rural y sindicalista proveniente de la provincia de Cajamarca, candidato por el partido Perú Libre y que nadie daba en la segunda vuelta. Por el otro lado, Keiko Fujimori, que por tercera vez intenta alzarse con la presidencia y que carga en su espalda con las derrotas frente a Ollanta Humala y Pedro Kuczynski, como también con las denuncias por corrupción, lavado de activos y por liderar una organización delictiva dentro de su partido Fuerza Popular, y por el cual estuvo bajo arresto preventivo durante el año 2018.

A esto queda añadir que la nueva composición del Congreso peruano tendrá como principal característica la fragmentación, debido a que estará conformado por 10 partidos políticos y que ninguno gozará de la mayoría necesaria para gobernar. Sin duda, este será el principal escollo a superar por parte del presidente electo, dado el papel desestabilizador que desempeñó el Congreso bajo las últimas presidencias. En ese sentido, necesitará de alianzas para lograr algún margen de gobernabilidad y así, poder llevar adelante las profundas reformas que requiere la sociedad peruana, y que fueron bandera de las movilizaciones lideradas por la denominada “generación del bicentenario” que derivaron en la renuncia de Manuel Merino, luego de la vacancia contra Martín Vizcarra en el año 2020.

A su vez, esta carrera electoral ha provocado la polarización de la sociedad peruana, dadas las profundas diferencias sociales y políticas entre los candidatos y lo que ellos representan. En ese marco, han sido constantes las movilizaciones populares a lo largo del país para denunciar el peligro que representa el regreso del fujimorismo al poder, debido a las condenas por crímenes de lesa humanidad que purga Alberto Fujimori, sumado a las múltiples causas de corrupción y de abuso de poder por parte del fujimorismo en su paso por el Ejecutivo. Estas causas sin duda representan la principal carga para las aspiraciones de Keiko, dado que ella nunca hizo una crítica al ejercicio del poder de su padre y tampoco dio certezas sobre las denuncias contra su persona por el caso Odebrecht.

En lo que refiere a Pedro Castillo, sus adversarios han centrado la estrategia en posicionarlo como un candidato radical y extremista, debido a sus propuestas de convocar a una asamblea constituyente y de proponer la nacionalización de los recursos naturales, agitando así el miedo por la “llegada del comunismo” y la repetición de lo sucedido en Venezuela. Sin duda, esta campaña no sólo nació de los adversarios políticos, sino de la élite económica y de los principales medios de comunicación que desde el 12 de abril han llevado adelante una campaña sucia contra la figura de Castillo y el fundador de Perú Libre, Vladimir Cerrón, acusando al primero de inexperto, títere y de representar un peligro para el modelo económico y la democracia peruana; y al segundo, de pintarlo como quien realmente ejerce el poder en la campaña, para así minimizar y afectar a la figura de Castillo.

Cabe señalar que a esta estrategia se sumó Mario Vargas Llosa, quien hace años señalaba que nunca votaría por Keiko Fujimori debido a los antecedentes antidemocráticos del fujimorismo; pero que, sorpresivamente, en esta elección brindó todo su apoyo a Keiko, dado el favoritismo de Castillo en las encuestas. En ese sentido, la Fundación Libertad, liderada por los hermanos Vargas Llosa, ha hecho un esfuerzo descomunal para lavar la imagen de Keiko con el objetivo de convertirla, paradójicamente, en la opción más moderada y en la abanderada de la democracia y la libertad frente al peligro del “totalitarismo” representado por un profesor rural. Y que incluso necesitó de la presencia del líder ultraderechista venezolano Leopoldo López y su esposa, Lilian Tintori, que se pasearon por el país alertando el peligro castrochavista que “significa” Castillo.

Sin duda, este fin de semana los peruanos elegirán, en medio de la esperanza del cambio —luego de muchos presidentes que incumplieron con sus promesas electorales— y de las campañas del miedo orquestadas por una élite desesperada y dispuesta a todo para mantener el statu quo. En ese sentido, será esa población cansada de la sociedad de privilegios y de un modelo económico —que a la fecha solo ha sido exitoso para pocos—, la encargada de brindarle su apoyo a un candidato genuino, poco conocido, pero dispuesto a liderar un proceso de cambio como Pedro Castillo, o de darle una nueva redención al fujimorismo, pese todos los actos de corrupción, violación de derechos humanos y de abuso de poder por el cual es investigado en la justicia peruana.

Fernando López Ariñez/.


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