“Hasta que la dignidad sea costumbre”
“Hasta que la dignidad sea costumbre”

“Hasta que la dignidad sea costumbre”

Foto: El Ciudadano

 

Poco se habla en Bolivia acerca de lo que sucede más allá de nuestras fronteras y el mejor ejemplo de esto ha sido la falta de interés sobre los acontecimientos que desde el año 2019 se vienen desarrollando en Chile. Hasta la fecha, somos muy poco conscientes de las dimensiones y consecuencias del Estallido Social, que ha removido las bases y pilares de un país que durante décadas se rigió por el modelo neoliberal y los valores heredados por la dictadura de Augusto Pinochet, y que no pudieron ser desmantelados en la transición a la democracia.

Hoy, el foco de las demandas radica en torno al pedido de igualdad y dignidad para un país que en la última década ha experimentado una profunda separación entre su élite política/económica y el resto de la sociedad, a tal punto que el malestar social ha provocado el descrédito del presidente Sebastián Piñera -que hoy cuenta con menos del 10% de aprobación- y de buena parte de los actores políticos que cumplían la función de interlocutores y hoy demuestran grandes dificultades para procesar la agenda política gestada en las movilizaciones y las demandas ocasionadas por la pandemia.

En ese marco, el proceso constituyente será fundamental para dar respuestas a una sociedad diversa y hastiada del presente, que el próximo 15 y 16 de mayo tendrá en su voto la posibilidad de elegir a los representantes que redactarán la primera carta magna chilena hecha con paridad de género, escaños reservados para los pueblos originarios y con constituyentes elegidos por el voto popular, dejando en evidencia los tiempos de cambio y de democratización que se viven en la sociedad chilena.

Sin duda, este momento representa un reto sin precedentes para las fuerzas políticas progresistas, dado que en el país se debaten diversos temas como: el rol del Estado subsidiario, el cambio del modelo neoliberal, la refundación de las fuerzas del orden, la nacionalización de los recursos naturales, la sustitución del modelo de desarrollo, la inclusión de los pueblos originarios (plurinacionalidad), la gratuidad de la salud y la educación, la creación de políticas públicas en favor del medioambiente, el desmantelamiento de la sociedad patriarcal, el cuestionamiento a la violencia institucional, el papel de Chile en la región y el mundo, entre otros temas.

Es por ello, que el nivel de participación será clave en un país donde el voto es opcional, pero que en esta ocasión podrá definir la distribución de escaños a favor de las fuerzas progresistas, que pese al momento favorable no han podido cuajar un proyecto de unidad e irán divididos en varias listas (Lista por el Apruebo, Apruebo Dignidad, independientes, humanistas, ecologistas etc.) frente a una derecha compacta (Chile Vamos) que sumó entre sus filas al partido de ultraderecha liderado por José Antonio Kast, con el fin de obtener una buena cantidad de constituyentes para trabar cualquier intento de modificación drástica, debido a que serán necesarios los 2/3 para aprobar los temas en debate en la constituyente.

Por otra parte, la elección de los constituyentes estará acompañada de la elección de autoridades municipales y regionales, convirtiendo a esta en la elección más grande de la historia chilena. Por lo que, los resultados definirán la primera repartición de poder en un año electoral sin precedentes, el cual podría dar muchas sorpresas debido a que el posible aumento de votantes pueda quitarle bastiones electorales a la derecha, que en el último tiempo tuvo control de muchas regiones gracias la apatía y ausentismo electoral. No obstante, este será el primer test electoral para medir las fuerzas de los diferentes bloques políticos de cara a la elección presidencial de fin de año, que decidirá al presidente o presidenta que gobierne con la nueva constitución y trace las líneas del Chile que nace y que quiere dejar atrás la herencia de Pinochet.

Fernando López Ariñez/.


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