¡¡¡Ya va a partir el tren!!!
¡¡¡Ya va a partir el tren!!!

¡¡¡Ya va a partir el tren!!!

Hace un par de días anunciaron el avance de las obras del Tren Metropolitano en Cochabamba. Con mucho orgullo e ilusión, las y los cochabambinos pueden ver el avance de un proyecto que se había imaginado hace muchísimos años, que se había gestionado hace unos diez años y que ha comenzado a concretarse desde finales de la gestión 2017.

Luego de una etapa previa de gestión de financiamiento externo, el Gobierno nacional decide invertir más de 447 millones de dólares directamente desde el Tesoro General de la Nación, ahorrándole al país inversión en tiempo (pues la aprobación de un crédito requería la implementación de un procedimiento aún más tedioso) y recursos económicos que hubieran tenido que cancelarse como parte de las cuotas de pago del crédito que debía comprometerse.

Con tres líneas en su primera fase, Mi Tren se ha convertido en una de las inversiones más grandes e importantes en las ciudades de nuestro país y uno de los proyectos de mayor envergadura en la región metropolitana Kanata. Adiciono a esto, que Mi Tren es el primer proyecto que ha sido definido en base a estudios sobre una visión Metropolitana de los problemas que enfrentan nuestras grandes ciudades.

Este proyecto, que tiene su estación central en la antigua estación de trenes en pleno centro comercial de Cochabamba, y que beneficiará a la población de 6 de los 7 gobiernos municipales que conforman esta región metropolitana, ha logrado trascender de una tradicional visión sectorial de un proyecto, para pensar en la influencia que la inversión en transporte urbano va a generar (y ha generado ya) en su ruta de intervención.

No es de extrañar que, a medida que se iban socializando las rutas, las características, las condiciones y las necesidades para su implementación, las y los vecinos de los barrios por los que pasa el tren, hayan comenzado a hacer otro tipo de requerimientos de servicios básicos, de servicios públicos de calidad, de espacios públicos adecuados, de seguridad ciudadana, de empleo y productividad. De igual manera, a medida que se iban conociendo las rutas, las paradas y las características concretas del proyecto, vecinas y vecinos de esos barrios han comenzado a planear el cambio de sus vidas (en términos sociales y también económicos), porque ese efecto tienen las grandes inversiones.

Hasta el año 2019, a pesar de las dificultades de coordinación con la administración inestable de José María Leyes, el tren ha ido avanzando en su ejecución y hasta ese tiempo inclusive se habían logrado hacer algunas pruebas de campo sobre el funcionamiento de las cabinas del tren.

El 2020, producto de la incongruencia con la que se ha gestionado el Estado, este proyecto, como muchísimos otros, tuvo que sufrir una paralización. Prácticamente después de su posesión, el gobierno del Presidente Lucho anuncia la reactivación del proyecto más emblemático de Cochabamba, luego de Misicuni. Así, la inversión pública (tan necesaria en el ejercicio de reactivación económica) como las actividades de una Unidad Técnica de Ferrocarriles echada al olvido por desconocimiento, por malicia o por cualquier otro motivo, comenzaban nuevamente a tomar ritmo y pretendían alcanzar velocidad crucero. Como cualquier otro proyecto de inversión pública, éste ha sido objeto de observaciones y denuncias que en algunos casos han implicado una supuesta ausencia de transparencia en la ejecución de la obra (dejaré los detalles y las justificaciones para otros, sin embargo, es un tema estructural que se debe discutir, enfrentar y actualizar en todo el Estado).

Hoy podemos ver que las manos de los obreros van aceleradas a cumplir sus tareas, los técnicos del tren hacen una y más pruebas para tener todo listo, las autoridades hacen inspecciones en el día y en la noche, para asegurarse que ningún detalle quede al azar, mientras las y los cochabambinos ven pasar ilusionados esos vagones, rememorando las glorias de una antiquísima empresa de ferrocarriles que ha dejado en el ojo de los k’ochalos esa lágrima nostálgica y ese optimismo de que, con el tren, lleguen también días mejores para esta cálida tierra.

Y así como van avanzando, también van apareciendo ingenuos que, por ausencia de información, por incapacidad de comunicar de parte de las autoridades responsables, o simplemente por aquella rabia que ha caracterizado este último tiempo, encuentran siempre la manera de desportillar una imagen que debería ser ensalzada por todas y todos. Ahí mismo aparecen (y seguirán apareciendo, de un lado y de otro) personas que no aceptarán los logros del otro, simplemente porque no piensa como él quisiera.

A pesar de eso, lo que trae el tren en sus vagones no es solamente a la gente que quiere un transporte limpio, novedoso, amigable con el medio ambiente y económico. Lo que trae el tren consigo es la posibilidad de pensar una nueva manera de desarrollar nuestras ciudades. El ejercicio de integralidad (al que apelaré siempre por su necesidad urgente para responder de mejor manera a los desafíos de nuestros centros urbanos) tiene en el tren una gran ventana para demostrar que, independientemente de los colores políticos y las tendencias ideológicas, las autoridades locales y nacionales tienen en su objetivo principal, la respuesta efectiva a las necesidades de la gente.

Por donde el tren esté pasando (e incluso un poquito más allá) la ciudad ha cambiado y seguirá cambiando, no solamente desde el aspecto o las condiciones físicas, sino también desde los ejercicios de convivencia y culturales. Las autoridades locales y nacionales deben tener la capacidad de entender ese tipo de cambios para enfrentar los nuevos desafíos.

Y por sobre todo eso, el tren nos trae a los usuarios, la oportunidad de demostrar que tenemos la capacidad de recibir proyectos novedosos tecnológicamente y que, como buenos ciudadanos, estamos dispuestos a cuidar este esfuerzo que, más allá de haber sido iniciativa de algunos, es hoy un patrimonio de todas y todos.

El tren trae muchísimo más que sus vagones. El tren trae ilusión de un futuro mejor. Dependerá de nosotros cuidarlo, alimentar esa ilusión, empujar ese futuro hacia donde mejor le haga a la gente que más necesita.


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