A esta altura de la ola ¿cómo guiar la toma de decisiones para la crisis del COVID-19?
A esta altura de la ola ¿cómo guiar la toma de decisiones para la crisis del COVID-19?

A esta altura de la ola ¿cómo guiar la toma de decisiones para la crisis del COVID-19?

El 9 de junio, Bolivia pasó los 3.839 casos positivos de COVID-19 en un solo día, marcando un hito en lo que va de la pandemia. La tercera ola está siendo duradera, azuzada por la agresividad de las nuevas cepas, y más descarnada con las poblaciones jóvenes que han llegado con mayor frecuencia a las salas de terapia intensiva. Esta tercera ola aún no termina y, como vienen las cifras, es posible que aún estemos en la cresta de los contagios. Una cuarta ola, no está descartada.

¿Qué medidas pueden tomar nuestras autoridades? La toma de decisiones debe guiarse por la evidencia y el análisis de factores de contexto, así también por una mayor articulación y cooperación.

Primero, aunque hay posiciones encontradas al respecto, la evidencia científica sugiere que un mayor confinamiento no necesariamente incide en menos contagios. La prestigiosa revista científica Lancet publicó en octubre pasado un artículo que compara la efectividad de cuatro medidas para reducir la transmisión del COVID-19: testeo masivo, rastreo de contactos cercanos, distanciamiento físico y confinamiento. Cualquiera de estas medidas aplicadas como estrategia única es insuficiente; sus efectos se potencian cuando son aplicadas de manera combinada. De estas cuatro, la combinación más efectiva resulta del auto-aislamiento y rastreo de contactos. El confinamiento estricto y masivo es de hecho descartado, pues se sabe que es una medida que no aplana la curva, sólo la retrasa.

En Bolivia, un análisis de Andres Pucci, uno de los pocos científicos de datos que han estado haciendo seguimiento a las estadísticas de manera sistemática, sugiere que hay una relación casi inversa entre confinamiento y crecimiento de casos positivos. Es decir, la primera ola se suscitó a pesar de las cuarentenas rígidas y dinámicas, e incluso la cantidad de casos bajó en el desconfinamiento.

Por otra parte, es preciso entender el contexto propio de la economía boliviana. Con más de 60% de los bolivianos/as que generan ingresos a través de la economía informal, un porcentaje aún mayor que no podría realizar sus actividades vía teletrabajo, y la reactivación de sectores estratégicos para la economía que son intensivos en mano de obra, el confinamiento no sólo no es viable, sino que probablemente no sería ni acatado.

Tomando en cuenta lo anterior, se requiere entonces tomar otro tipo de medidas. Primero, ampliar la vacunación a toda la Población Económicamente Activa, que es además la que está acudiendo más a las salas de emergencia y saturando la poca infraestructura de salud que tiene el país. De acuerdo con el análisis de Boligráfica, la tasa de vacunación actualmente está por debajo de lo proyectado –alrededor de 40.000 a 50.000 personas por día– cuando se estima que se requiere inocular a 100.000 personas por día para terminar el proceso de vacunación aproximadamente en noviembre.

Segundo, el índice de positividad de las pruebas se mantiene cerca al 25% –cuando la Organización Mundial de la Salud sugiere que sea 5%–. Esto implica que la población se va a hacer pruebas cuando tiene síntomas y es más probable que sea positivo. Por ende, el acceso a pruebas debe facilitarse e incrementarse e incluso podría requerirse para realizar viajes o trabajar presencialmente.

Tercero, es necesario restringir actividades y reuniones masivas, en las cuales no se puede tener control de las medidas de bioseguridad, así como tomar acciones para reducir el desplazamiento interno de personas en el país.

Todo ello debe ir acompañado, por supuesto, de fortalecer el sistema de salud, el cual ha mostrado todas sus debilidades en este tiempo –y a pesar de ello, poco ha sido resuelto–. La falta de oxígeno, medicinas, personal médico preparado e infraestructura de terapia intensiva volverán a ocurrir si no son parte de soluciones estructurales, más que de acciones reactivas cuando varias vidas ya fueron perdidas.

Soluciones así requieren una mayor coordinación y articulación a nivel nacional y subnacional. Está demostrado que en países en los cuales se ha logrado generar una cooperación para la crisis, los sistemas de respuesta han sido más eficaces. Por ejemplo, si en vez de que los gobiernos subnacionales se confrontan con el nacional sobre la importación de vacunas, la cual está de todos modos supeditada a la demanda internacional, y ayudan importando pruebas y medicinas, podrían reducir el índice de positividad y de fatalidades.

En este momento, en el cual nadie se salva solo, se requiere de liderazgos que miren la evidencia, tomen en cuenta los factores en juego, y busquen más soluciones desde el bien común, que desde el rédito individual.

Cristian León/.


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