Ser Maricón en Dictadura
Ser Maricón en Dictadura

Ser Maricón en Dictadura

Aunque la lejanía entre la crueldad asumida como status quo y la realidad democrática de los DDHH de nuestra actualidad se establece en números: 1976 y 2020, la forma de la administración del poder de carácter tiránico no ha cambiado un milímetro en el cálculo del sometimiento a las libertades del pueblo, cálculo que le corresponde a aquellos que desde su tradición de dominación y sometimiento han querido hacerse con el poder sin ganarse la voluntad popular, pero imponiendo su poderío a través del amedrentamiento y la intimidación de quienes no comulguen con sus intereses, que siempre resultan ser económicos.

Si para algunos lo que se vivió en 2020 aún es causa de un debate gastado y alimentado por la tergiversación informativa de los medios de comunicación privados de nuestro país, para la realidad y el honor a la consecuencia de veracidad no pueden pasar desapercibidas todas las situaciones de desmedro y ultraje que se revivió en la peor situación mundial posible: vivir la imposición dictatorial del poder de la minoría boliviana en medio de una pandemia, que fantásticamente (para el régimen dictatorial de Jeanine Áñez) sirvió de excusa perfecta para reprimir, obviar y pasarse los DDHH por donde mejor le calzaban las pezuñas.

Si bien el contexto, dictatorial y pandémico, fue frenético debido al miedo colectivo y represivo por el control absoluto de las libertades de expresión, locomoción y de supervivencia, vivirlo siendo maricón eleva el precio del talonario de este bingo de posibilidades, un bingo que se caracteriza por salir o no bien pagado respecto a lo que decida el gobierno, si hace o no hace nada para hacer algo, aunque lo redundante esconde menos acciones en pro y más acciones contra respecto a lo LGBT, más cuando el gobierno utiliza versículos bíblicos para justificar la matanza de gente inocente y para perseguir a cualquiera que disienta en el proceder “divino” de nuestro tan mal y asquerosamente llamado “gobierno de transición”.

Recordar, sin embargo, que en noviembre de 2019, también salían uniformades nuestros “gays oenegeros” con el pendón boliviano amarrado cual babero invertido y reproduciendo los prejuicios que posicionaban aquellos que ya habían planificado el golpe de estado a Evo Morales, que más allá de defenderlo o apoyarlo, lo inconcebible es que se le arrebate el poder que emana como un mandato de la mayoría del pueblo boliviano a su presidente constitucional por gusto y gana de ciertas embajadas, la iglesia y nuestros tan “valerosos y honestos” militares y policías, además y obviamente de la “mayoría” de las minorías de clase alta de nuestro país.

Durante todo lo que se ha vivido, algunos de nuestros LGBTs también asumieron postura, desconocieron los avances en DDHH de las poblaciones indígenas, fomentaron el racismo y la exclusión, justificaron las matanzas y con tristeza y vergüenza se olvidaron de los años de opresión y odio que vivimos los homosexuales, transexuales, lesbianas, bisexuales, etc, que con luchas marginales y con protagonistas contrarios a la blanquedad del “¿Quién se rinde?”, logramos aspirar aires de libertad y aceptación en un mundo heteropatriarcal que dedica sus esfuerzos a ahogar las luchas de aquellos que no somos parte de sus expectativas económicas.

La marginalidad fue la bandera de aquelles que vivimos la dictadura siendo mariconcitos, marimachas y travas, quienes no podíamos darnos el lujo de ir al boliche gay del sótano de una chifa de quinta en pleno centro paceño para dar rienda suelta a nuestras carnes sedientas de alcohol y diversión, fuimos tal vez quienes recibíamos amenazas de violación, que nos teníamos que tragar las palabras mientras los “democráticos” se desteñían en adjetivos despectivos hacia nosotres. También fuimos quienes resistimos y quienes denunciamos los abusos a pesar de todo, quienes nos reconocimos en el pueblo, en sus manos, en su amor a la democracia, en su lucha. Fuimos quienes nos enamoramos de la libertad de los nuestros, que muy a pesar de ser LGBTs, Maricones, Marimachas y Travas, fuimos, somos y siempre seremos Pueblo.

Leonel Inti /.



© CopyRight — Agencia Bolivia de Información 2022 ABI