El lunes, los estudiantes expusieron y defendieron sus monografías sobre las danzas que bailarán ante jurados evaluadores. | Fotos: UMSA.

La Paz, 19 de agosto de (2026).- Detrás de una pollera, un sombrero, un paso de baile o el sonido de un sicuri hay mucho más que una presentación folklórica. Hay historias, libros, testimonios, memoria oral y horas de investigación que permiten conocer de dónde vienen las danzas que cada año toman las calles de La Paz.

En la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), más de 70 fraternidades y talleres culturales estudian las expresiones que representan en su tradicional fiesta folklórica, prevista para el 19 de septiembre.

Fernando Cajías, reconocido historiador y fundador de la Entrada Universitaria, recordó que la historia comenzó en 1988 con apenas ocho grupos. Casi cuatro décadas después, la presencia estudiantil creció hasta superar las 70 fraternidades. La expansión también alcanzó la geografía cultural de la entrada, que incorporó expresiones de Tarija, Potosí, Chuquisaca, Oruro, la Amazonía y distintas comunidades del país.

“Hay una integración cultural a través de esta entrada que no solo conecta La Paz, sino el folklore de varias regiones del país. No se trata de rescatar danzas, porque las comunidades nunca dejaron de practicarlas, sino de contribuir a visibilizarlas. Algunas permanecen profundamente ligadas a sus lugares de origen y en la entrada de la UMSA encuentran una oportunidad para ser conocidas por más personas”, señaló Cajías, según información oficial de la casa de estudios superiores.

Esa conexión con las comunidades también está presente en la música y en quienes conservan estas expresiones. Conjuntos de comunidades afrobolivianas acompañan la saya de los estudiantes. Los sicuris de Italaque participan junto a la Facultad de Agronomía y los moseños de la provincia Aroma acompañan a la moseñada de la Carrera de Lingüística.

Cada danza tiene una historia que los universitarios buscan conocer antes de llevarla a las calles.

Maya Méndez, estudiante de Nutrición, explicó que la “rueda chapaca” tiene relación con la cosecha de la vid y que algunos de sus movimientos evocan el pisado de la uva. Para conservar las características propias de esta expresión tarijeña, la fraternidad trabaja con instructores oriundos de Tarija.

En la sede universitaria de Viacha, La Paz, los estudiantes de Ingeniería Agroindustrial pusieron la mirada en la danza kallawaya. Su investigación identificó en ella la representación del caminar de los médicos naturistas itinerantes que llevaban conocimientos de medicina tradicional entre distintas comunidades.

La investigación también revela los vacíos que todavía existen en la memoria escrita de algunas danzas. Los estudiantes de Estadística encontraron pocos registros documentales sobre el origen de los potolos. Una parte importante de su historia permanece en los testimonios transmitidos en los límites de las regiones de Potosí y Chuquisaca.

La formación universitaria también cambia la manera de mirar una danza.

Mateo Vargas, estudiante de Sociología e integrante de los Mineritos, explicó la danza desde la historia económica y social del país. Su investigación tomó en cuenta el trabajo minero y la figura de la palliri, una mirada que muestra cómo los conocimientos adquiridos en las aulas pueden ayudar a interpretar las expresiones del folklore.

Para Cajías, ese es uno de los principales valores de la experiencia universitaria. Los jóvenes ya no participan únicamente como intérpretes: también se convierten en investigadores de las expresiones culturales que llevan a la entrada folklórica de la UMSA.

El lunes, los estudiantes expusieron y defendieron sus monografías ante jurados evaluadores. Frente a ellos presentaron los resultados de sus investigaciones sobre el origen, la historia y el significado de las danzas que representarán.

Así, antes de que las calles se llenen de música, colores, pasos y personajes, una parte de la Entrada Universitaria pasa por las aulas. Allí, entre libros, testimonios y relatos transmitidos de generación en generación, los estudiantes buscan entender las historias y tradiciones que después llevarán a las calles de La Paz.

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