La Paz, 18 de agosto de 2026 (ABI).– Cuerpos esqueléticos y una desesperación voraz marcaron la jornada de San Roque en El Alto. La sopa desaparecía de los platos en cuestión de segundos, al punto que los niños tuvieron que rellenar los recipientes hasta cuatro veces para saciar a perros que llevaban días sin probar alimento.
La escena ocurrió el domingo, durante el recorrido que Los Trovadorcitos dedicaron a los canes abandonados. Esta vez no fueron a las carreteras, como en su anterior campaña, sino a varias zonas alejadas de la urbe alteña, donde encontraron una realidad que los sorprendió y que incluso hizo insuficientes los 300 platos preparados.
“Nos hemos sorprendido, bastantes perritos. Nos ha hecho falta hasta la comidita, porque también hemos encontrado que los perritos han debido estar por muchos días que no han comido”, relató a ABI Jhosney Emanuel Paca, fundador de Los Trovadorcitos.
La actividad pasó por la avenida 6 de Marzo, el puente Bolivia, las avenidas Litoral y Estructurante, y sectores como Rosas Pampa, Santiago Segundo, Nuevos Horizontes y Mercedes E. En las calles, cerca de basurales, mercados y terrenos vacíos aparecieron grupos de canes en busca de alimento.
Llegaban de cinco, siete o más. Los niños tenían que repartir un plato para cada animal y permanecer cerca hasta que terminara de comer para evitar peleas. En otros casos, la comida debía quedar a cierta distancia porque algunos cuadrúpedos escapaban cuando los pequeños intentaban acercarse.
Miley, una de las niñas del grupo, recordó que varios corrían desde lejos al percibir que había comida. Otros permanecían inmóviles, con temor, hasta que veían a los demás acercarse.
La sopa llevaba arroz, verduras y una buena cantidad de menudencias de pollo, entre ellas mollejas, patas y cuellos. El olor los atraía desde distintos puntos. Esta vez, Pollos Prado se sumó a la iniciativa con 23 kilos de estos productos, mientras otras personas aportaron con los demás ingredientes y utensilios para hacer posible la preparación.

La escena más difícil apareció detrás de algunos garajes. Los Trovadorcitos encontraron perros encerrados en terrenos que sacaban el hocico por pequeños huecos. Los animales rascaban con sus patas en busca de una salida y, ante la imposibilidad de entrar, los niños pasaron la comida por debajo de las puertas.
“Algunos les hemos dado por debajo del garaje, porque los perritos deben querer salir. Sacaban su naricita por el huequito y nosotros les hemos pasado los platitos de comida”, contó Paca.
La jornada dejó también momentos de ternura. Octavio, otro de los niños, contó que encontraron grupos de cachorros que caminaban juntos y buscaban comer al mismo tiempo. “Ellos querían estar juntitos, eso se llama el amor de un hermano perruno”, relató.

Keiler llegó a la jornada con traje azul marino y corbata roja. No le importó ensuciarse mientras repartía los platos. “Los animales tienen derecho a comer, por eso les traemos este banquete”, dijo con una sonrisa. Mientras observaba la comida servida, incluso se relamió ante el aroma de la preparación.
La convocatoria también permitió sumar nuevos voluntarios. De unas 30 personas que expresaron interés en participar, cinco se incorporaron de manera activa y, junto con los integrantes de niños activistas, formaron un grupo de WhatsApp denominado “Trovadorcitos alimentando peluditos”.
El transporte, uno de los principales obstáculos para repetir estas campañas, también encontró una respuesta solidaria. Juan Carlos, padre de Keiler, prestó su minibús rojo de transporte público para trasladarlos y recorrer las distintas zonas alteñas.

“Lo hacemos hoy con motivo de San Roque, pero el cuidado, la alimentación, debe ser cada día. Debemos llevarlos para sus vacunas, abrigarlos en invierno porque son parte de nosotros. Una vez que adquirimos un perrito, gatito, es una responsabilidad nuestra”, afirmó.
Para Jhosney, la experiencia dejó una conclusión difícil de ignorar: alimentar a los animales permite aliviar el hambre, pero no resuelve el abandono.
“Es una gran tristeza esta experiencia, realmente nos ha marcado. Se ve mucha irresponsabilidad de la gente. Cuánto quisiéramos que se pueda frenar esta situación. La solución no es salir a las calles a dar comida”, sostuvo.
El fundador de Los Trovadorcitos pidió promover la adopción responsable, la esterilización y la vacunación para evitar que más animales terminen en las calles. Su apuesta está también en los niños, a quienes considera fundamentales para romper una cadena de abandono que se repite de generación en generación.




Los niños permanecieron cerca mientras los animales terminaban de comer, una tarea necesaria para evitar peleas entre los grupos que se acercaban en busca de alimento.
La experiencia del domingo inspiró a Jhosney a escribir un poema titulado “Soy un perro de la calle”, desde la voz de un animal que vive entre basurales, carreteras y calles, con hambre y miedo, mientras observa a otros canes que tienen una familia.
“Yo no sé qué es San Roque, si dicen que hoy es mi día, ¿por qué a mí nadie me espera?”, dice uno de los versos.
La pregunta resume lo que el colectivo de niños encontró el domingo: en una jornada dedicada a celebrar y proteger a los animales, muchos todavía esperaban junto a una calle, un terreno baldío o un basural por algo tan básico como un plato de comida y una mano que no les hiciera daño.
Para Los Trovadorcitos, los 300 platos fueron apenas una ayuda para ese día. La verdadera tarea, ahora, es conseguir que algún día ningún perro tenga que esperar en la calle para descubrir qué se siente ser cuidado.
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