La Paz, 5 de noviembre de 2026 (ABI). – Según un sondeo del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) 7 de cada 10 consumidores adquirieron productos falsificados y el 92% percibe que esa situación aumentó en el país.
El sondeo de percepción ciudadana, que fue llevado a cabo con 1.234 respuestas, reveló que un 69% de los encuestados compró alguna vez un alimento envasado o producto de limpieza creyendo que era original y resultó falso.
“Para el 92%, la falsificación de productos aumentó en el último año. 7 de cada 10 personas reconocen haber sido engañadas, sin darse cuenta de inmediato. Cuando se falsifica un producto no solo se suplanta una marca, se traiciona la confianza del comprador”, explicó el gerente General del IBCE, Gary Rodríguez.
Asimismo, el sondeo mostró que el 70% compra habitualmente alimentos envasados o productos de limpieza en mercados informales o comercio callejero buscando “precios baratos”, aunque el 90% dice que desconfía si el precio es demasiado bajo.
“Cuando el dinero no alcanza, las familias buscan ahorrar, pero ¿cuánto realmente se ahorra al comprar algo que no se sabe qué contiene?, ¿cómo fue elaborado o de dónde procede? Al final del día, un producto falsificado puede resultar más caro que el original”, reflexionó.
Según Rodríguez, el 96% de los encuestados teme que consumir alimentos envasados falsificados pueda ocasionar daños a su salud o la de su familia, el 63% dijo que se dio cuenta de la falsificación luego de abrir o consumir el producto.
Sin embargo, si bien el 77% manifestó que verifica los sellos de seguridad, tapas y fechas de vencimiento antes de comprar, un 23% no lo hace, cuando esa precaución puede ayudar a prevenir.
La falsificación afecta también a productos de uso diario, como los detergentes y otros artículos de limpieza del hogar. Según el sondeo, el 64% notó diferencias en el rendimiento, menor espuma o variación en el aroma de algún producto de limpieza comparado al que utilizaba siempre y el 45% reportó daños en su ropa o irritaciones de la piel por un producto falsificado.
“Se puede comprar un detergente más barato, pero si se necesita utilizar el doble para lavar la misma cantidad de ropa, porque el detergente era trucho además de dejar manchas o irritar la piel. ¿Dónde quedó el ahorro? Lo barato cuesta caro”, señaló.
El 84% de los encuestados dijo que faltan campañas de orientación para ayudar al consumidor a diferenciar un producto original de una imitación, y el 76% cree que los supermercados ofrecen más garantía para comprar alimentos envasados y productos de limpieza no falsificados.
“Un resultado alentador es que el 92% estaría dispuesto a denunciar productos falsificados si pudiera hacerlo de forma anónima desde su celular. Si mucha gente está dispuesta a denunciar, las autoridades deberían facilitar mecanismos sencillos, rápidos y seguros para que el ciudadano pueda alertar, anónimamente, sobre una posible falsificación, sin exponerse ni tener que realizar trámites complicados”, recomendó Rodríguez.
Subrayó que la falsificación es una competencia desleal que no solo perjudica al consumidor, sino también a los industriales, importadores y comerciantes formales que cumplen normas sanitarias, de calidad y seguridad, además de pagar impuestos y generar empleos formales.
“Mientras que quien falsifica se aprovecha de la reputación ajena y ofrece productos no garantizados. El estudio sobre el contrabando y falsificación que presentará el IBCE en noviembre contendrá recomendaciones específicas al respecto”, concluyó.
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