Pintura de Carlos Cirbián que representa los sucesos del 24 de septiembre de 1810. | Foto: soysantacruz.com.bo.

Santa Cruz, 24 de septiembre de 2026 (ABI).– La historia de Santa Cruz no cabe en una sola fecha ni en una plaza. Detrás del 24 de septiembre de 1810 hay nombres, batallas y episodios que atravesaron los años de la lucha por la independencia y dejaron una huella que todavía forma parte de la memoria cruceña.

Las noticias de la revolución de Cochabamba, ocurrida diez días antes, llegaron a Santa Cruz y encendieron el ánimo de los patriotas. El cabildo decidió entonces apartar al representante de la Corona española, Pedro José Toledo Pimentel, y formar una Junta de Gobierno que expresó su adhesión a la Junta Provisoria de Buenos Aires, surgida después de la revolución del 25 de mayo de 1810.

Juan Manuel Lemoine y Antonio Vicente Seoane, ambos doctores en Charcas, habían formado el partido revolucionario y, junto al cura José Andrés Salvatierra y el coronel Antonio Suárez, se reunieron con el enviado argentino, capitán Eustaquio Moldes. De ese movimiento surgió la nueva autoridad patriota, que buscó extender su respaldo más allá de la ciudad hacia Moxos, Chiquitos, Cordillera y Vallegrande.

“Hay que entender el 24 de septiembre como un movimiento dentro de todo el proceso de emancipación. No es la fundación de Santa Cruz, es el primer levantamiento por la libertad y la autonomía”, explicó el historiador y politólogo Jorge Abastoflor Frey en una entrevista con ABI.

La junta envió representantes a las regiones que entonces formaban parte del territorio cruceño para conseguir el respaldo de los patriotas. El movimiento se mantuvo hasta la derrota de las fuerzas revolucionarias en la batalla de Guaqui, en La Paz, en junio de 1811. Después de esa victoria realista, el general José Manuel Goyeneche ordenó al teniente coronel José Miguel Becerra recuperar Santa Cruz. Becerra retomó la ciudad y fue nombrado gobernador intendente, cargo desde el cual inició una etapa de persecución contra los patriotas.

La represalia alcanzó a los patriotas y sus bienes. El retorno de las fuerzas realistas significó el restablecimiento de la autoridad colonial, pero no consiguió borrar el movimiento que había comenzado meses antes.

En marzo de 1813, las fuerzas independentistas volvieron a tomar Santa Cruz y obligaron a Becerra a huir. Antonio Suárez asumió el gobierno, pero poco después recibió el cargo de diputado por Santa Cruz de la Sierra ante el Congreso de Buenos Aires y dejó la conducción de la ciudad a Ignacio Warnes.

El nombre del nuevo gobernador también guarda una particularidad. Abastoflor sostiene que su apellido original era “Ubarnes” y que con el tiempo pasó a escribirse y reconocerse como Warnes.

“En Santa Cruz todavía se pronunciaba Ubarnes; el apellido fue cambiando con el tiempo”, explicó el investigador, quien relaciona esa transformación con la forma en que se transmitió el apellido en la región.

Con Warnes comenzó otra etapa. La lucha dejó atrás el predominio de la acción política y tomó una dimensión militar que convertiría al territorio cruceño en uno de los principales escenarios de resistencia frente a los realistas.

Monumento al coronel Ignacio Warnes, en Santa Cruz. | Foto: RRSS.

Warnes: de la junta a la guerra

Warnes llegó a Santa Cruz después de acompañar la expedición comandada por el general Manuel Belgrano hacia el Alto Perú. Luego de las derrotas patriotas en las pampas de Vilcapugio y Ayohuma, Belgrano dejó a distintos comandantes a cargo de la resistencia y confió a Warnes la conducción de Santa Cruz.

El nuevo gobernador tuvo que organizar una fuerza militar en un territorio con pocos recursos y sometido a la presión de las tropas realistas. De ese esfuerzo surgió la llamada Republiqueta de Santa Cruz, considerada por Abastoflor como “la más grande de las republiquetas que resistieron durante la guerra de independencia”.

Warnes ejerció el mando político y militar hasta 1816. En esos años tuvo diferencias con Juan Antonio Álvarez de Arenales, otro de los jefes patriotas que combatían en la región. La rivalidad no impidió que ambos terminaran uniendo sus fuerzas frente al enemigo realista.

El 25 de mayo de 1814, en la batalla de La Florida, las fuerzas patriotas obtuvieron una de las victorias más importantes de la campaña. El triunfo tuvo repercusiones incluso fuera de la región. En Buenos Aires, una de sus calles más conocidas lleva el nombre de Florida en homenaje a aquella contienda, y también un regimiento adoptó esa denominación.

Después de esa victoria, según Abastoflor, Arenales pidió a Buenos Aires que reconociera a Warnes con el grado de general.

La campaña continuó hacia Chiquitos. Warnes organizó allí una nueva ofensiva y el 7 de octubre de 1815 derrotó a las fuerzas realistas en la batalla de Santa Bárbara. El triunfo permitió a los patriotas ampliar temporalmente su control sobre el territorio oriental.

Pero la resistencia tenía los días contados.

El 21 de noviembre de 1816, las fuerzas patriotas se enfrentaron a los realistas en la batalla de El Pari, a las afueras de Santa Cruz. Warnes murió durante el combate y la derrota marcó el final de la Republiqueta de Santa Cruz como fuerza organizada, aunque la resistencia guerrillera continuó durante los siguientes años.

Para Abastoflor, El Pari fue uno de los enfrentamientos más sangrientos de la guerra de independencia. El investigador sostiene que, por la proporción de combatientes que murieron, se encuentra entre “las batallas más cruentas del proceso emancipador”.

Ilustración de la heroína cruceña Ana Barba. | Foto: RRSS.

El Pari, ‘Cañoto’ y una cabeza escondida

Después de la muerte de Warnes, el comandante realista Francisco Javier de Aguilera ordenó que su cabeza fuera separada del cuerpo y expuesta públicamente como advertencia para los patriotas.

La historia de ese momento también tiene rostro de mujer.

Ana Barba, vinculada a la causa independentista, habría conseguido recuperar la cabeza de Warnes y esconderla en su casa. Allí permaneció oculta mientras continuaba el dominio realista, hasta que la causa patriota consiguió consolidarse.

“Las mujeres tuvieron un papel mucho más importante del que normalmente se cuenta. Ana Barba no estuvo en el levantamiento del 24 de septiembre, pero su participación pertenece a la etapa posterior de la guerra”, explicó Abastoflor.

La labor de Barba, de acuerdo con el investigador, no se limitó a ese episodio. También aportó información a los patriotas y colaboró con la alimentación y la logística de las fuerzas que continuaron la resistencia.

Después de El Pari, otros combatientes mantuvieron viva la lucha. Entre ellos estuvo José Manuel Mercado, conocido como el ‘Colorao’ Mercado, mientras grupos guerrilleros continuaron sus acciones en diferentes puntos del oriente. Algunos combatientes llegaron incluso hasta el Chaco y encontraron apoyo entre pueblos guaraníes.

En esa etapa aparece también uno de los personajes más singulares de la historia cruceña: José Manuel Baca, ‘Cañoto’.

‘Cañoto’ no participó en el levantamiento de 1810. Su figura pertenece a los años posteriores, cuando la guerra tomó fuerza y la resistencia se extendió por el territorio.

Fue guerrillero, músico y poeta. Abastoflor lo define como el “epítome del guerrero poeta” porque combinó el combate con la creación de versos contra la dominación española.

Monumento a José Manuel Baca ‘Cañoto’, en Santa Cruz. | Foto: RRSS.

En sus composiciones atacó también al comandante realista Aguilera, a quien llamó “el aguilucho”. Esa doble condición quedó incorporada a la memoria de Santa Cruz. Su monumento lo representa con una guitarra, una imagen que recuerda al mismo tiempo al combatiente y al hombre de música y poesía.

De las batallas a una historia que cruzó las fronteras

La historia de Santa Cruz tampoco terminó con la independencia. Su ubicación en el oriente convirtió a la región en escenario de otros episodios relacionados con las fronteras, las rutas comerciales y la organización territorial de Bolivia.

Uno de los episodios menos conocidos, según el historiador, ocurrió incluso antes de que terminara de consolidarse la nueva República.

En 1825, tropas brasileñas ingresaron a Chiquitos e intentaron incorporar ese territorio al Brasil. La acción provocó una respuesta de las autoridades bolivianas y, finalmente, el emperador Pedro I dejó sin efecto la incorporación.

Para Abastoflor, el episodio revela la importancia estratégica que ya tenía el oriente boliviano en los primeros años de la República. Décadas después, esa condición volvería a aparecer en conflictos como la Guerra del Acre y la Guerra del Chaco.

Santa Cruz también aportó figuras que marcaron la vida política de Bolivia. Una de ellas fue José Miguel de Velasco, quien llegó a ocupar la presidencia del país en cuatro ocasiones, en medio de una etapa de fuertes crisis políticas y militares. Su trayectoria estuvo ligada a los momentos de mayor inestabilidad de los primeros años de la República, cuando los cambios de gobierno y las disputas entre distintos sectores políticos eran frecuentes.

A criterio d Abastoflor, ese recorrido convierte a Velasco en un personaje “excepcional” dentro de la historia republicana, no solo por las cuatro veces que llegó a la silla presidencial, sino por el contexto en el que ejerció el poder. El historiador señala que, por el número de veces que ocupó la presidencia, su trayectoria puede compararse con la de Víctor Paz Estenssoro.

Otro nombre que el investigador destaca es el de Andrés Ibáñez, líder de los Igualitarios, movimiento que en la década de 1870 planteó demandas de igualdad y una organización federal del país.

Ibáñez y sus seguidores llegaron a proclamar un gobierno federal en Santa Cruz. El movimiento fue derrotado y su principal dirigente fue fusilado en 1877.

Abastoflor considera que Ibáñez fue un personaje incomprendido en su tiempo y que sus ideas fueron interpretadas desde la confrontación política de aquella época. A su juicio, aquella experiencia constituye uno de los primeros antecedentes de la reivindicación federal en Bolivia y muestra que el debate sobre la relación entre Santa Cruz y el poder central tiene raíces mucho más antiguas de lo que suele recordarse.

La plaza 24 de Septiembre, en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. | Foto: RRSS

Un aniversario que guarda más de una historia

La memoria cruceña también conserva episodios del siglo XX que, para Abastoflor, merecen mayor atención.

Entre ellos está el gobierno de Germán Busch, una etapa que el propio experto considera especialmente importante por las transformaciones que se impulsaron en el país antes de la Revolución Nacional de 1952.

Destaca, entre otros aspectos, la Constitución de 1938 y las medidas sociales, laborales y educativas que incorporó ese proceso, entre ellas disposiciones vinculadas a los derechos de los trabajadores y a la eliminación de prácticas como el pongueaje.

Desde esa perspectiva, varias de las reformas que suelen asociarse principalmente con la Revolución de 1952 ya tenían antecedentes en las políticas y en el marco constitucional de la década de 1930.

A ello se suma que, durante ese gobierno, el 24 de septiembre de 1938 se creó el departamento de Pando, un episodio que volvió a vincular la fecha con la organización territorial del país.

Por eso, cuando Santa Cruz vuelve cada septiembre la mirada hacia su pasado, la escena no se reduce a una plaza ni a una jornada.

Más allá de los actos cívicos y las banderas, la fecha abre una puerta a una historia que comenzó con un levantamiento político, se convirtió en una larga guerra y dejó una herencia que reapareció, décadas después, en los debates sobre territorio, poder y organización del país. Una historia de batallas, caudillos, mujeres, poetas y pueblos que, con los años, terminó por darle a esta tierra una identidad propia: un departamento de pura cepa cruceña.

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