Luis Rico Arancibia fue uno de los cantautores, compositores e intérpretes de canción social y de protesta más influyentes de Bolivia. | Foto: RRSS.

La Paz, 3 de noviembre de 2026 (ABI).- Luis Rico convirtió su música en un escudo para la democracia y en un megáfono para los olvidados de Bolivia. Durante más de cinco décadas, sus canciones abrazaron las luchas sociales, curaron las heridas del país y dieron voz a quienes la historia oficial solía silenciar. El cantautor potosino partió físicamente a los 81 años, pero su obra queda sembrada como un testimonio indestructible de la identidad nacional.

Nacido el 15 de mayo de 1945 en Tupiza, Potosí, encontró en una guitarra familiar su primer vínculo con la música. Su padre la había traído de la Guerra del Chaco y la conservaba colgada en una pared de la casa. Nadie podía tocarla, pero aquella prohibición despertó aún más la curiosidad del niño, que esperaba a que su padre saliera para tomarla a escondidas y descubrir sus sonidos.

“Nosotros teníamos prohibido tocar esa guitarra. Estaba colgada en la pared. El valor que tenía para mi padre era muy fuerte”, recordó en una entrevista con la ANF, publicada el 21 de abril de 2019.

La música pronto dejó de ser una inquietud de infancia. La masacre de San Juan, ocurrida en junio de 1967 en los centros mineros de Siglo XX, marcó profundamente al joven músico. La noticia de la represión contra los trabajadores y sus familias lo llevó a comprender que una canción podía narrar el dolor colectivo y denunciar las injusticias. De esa experiencia nació La Patria, una de sus primeras composiciones.

“Desde ese momento nos dedicamos a tocar la guitarra y a describir la realidad por la que atravesaba el país”, contó a ese medio.

Así comenzó una trayectoria en la que la música y el compromiso social caminaron juntos.

El cantautor potosino Luis Rico falleció el lunes a los 81 años. | Foto: RRSS.

Su posición frente a las dictaduras tuvo consecuencias. Durante el régimen de Hugo Banzer fue detenido en 1971 y, más adelante, la dictadura de Luis García Meza lo obligó a buscar refugio y salir del país. Su vida estuvo marcada por el exilio en distintos destinos, entre ellos México y Francia. La distancia no lo apartó de las preocupaciones de Bolivia ni de su decisión de escribir sobre la realidad de su pueblo.

En una entrevista publicada en la edición de enero-febrero de 2014 de la revista Piedra de Agua, de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Rico se definió como un “obrero del arte y la cultura”. En aquella conversación evocó episodios de una vida en la que la guitarra lo llevó a recorrer escenarios, compartir encuentros populares y atravesar momentos de tensión política.

Uno de esos relatos ocurrió en una peña, cuando el dirigente cultural Liber Forti le advirtió que entre el público se encontraba Klaus Barbie, el exjefe nazi conocido como el ‘Carnicero de Lyon’. Rico interrumpió su presentación y pidió que lo expulsaran del lugar. Una semana después, un artefacto de dinamita apareció en el baño de la peña. La anécdota retrata a un músico que no separaba sus convicciones de su trabajo artístico.

La defensa de los pueblos indígenas y de sus territorios ocupó un lugar importante en su repertorio. En 1990, durante la Primera Marcha por el Territorio y la Dignidad, Rico estrenó Coraje en la Catedral de La Paz, una composición que compartió con el cantautor argentino Víctor Heredia. La canción quedó ligada a una de las movilizaciones indígenas más importantes del país, que llevó hasta la sede de gobierno las demandas de reconocimiento territorial y respeto a los derechos de los pueblos originarios.

Más de dos décadas después, Coraje volvió a acompañar esa lucha. En 2011, el cantautor la interpretó para recibir a los participantes de la Octava Marcha Indígena en defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis). La cantó, además, en la plaza Murillo, durante las movilizaciones en rechazo a la carretera que atravesaría ese territorio.

La composición trascendió los escenarios y se hizo presente en jornadas de reivindicación y defensa territorial de los pueblos indígenas.

En otra ocasión, el encuentro con personas afectadas por la leishmaniasis en Monteagudo, Chuquisaca, dio origen a Los chiriguanos del sur. Su mirada llegó a otra realidad con Coplas de la sequía, conocida como “Pisa coca”, inspirada en la historia de un hombre del norte de Potosí que, ante la falta de agua y las dificultades para sostener a su familia, terminó dedicado al trabajo de pisar coca.

La canción describía una realidad que Rico no quería convertir en motivo de celebración. Por eso, incluso rechazó una invitación para interpretarla en una comunidad: no quería que su música respaldara una actividad que la propia composición cuestionaba.

La violencia contra las mujeres también encontró un lugar en su repertorio a través de Quince puñaladas, dedicada a la periodista Hanalí Huaycho, asesinada en febrero de 2013 por su pareja, el teniente de Policía Jorge Clavijo, quien le asestó 15 puñaladas.

El caso causó un profundo dolor en el cantautor, que recordó a la comunicadora como “una mujer que sabía demasiado, por eso la mataron”.

Con esa composición buscó que la historia de Huaycho no quedara en el olvido y se convirtiera en un llamado de atención frente a la violencia contra las mujeres. Incluso llevó la canción a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y al Defensor del Pueblo, con la intención de impulsar una campaña de concienciación.

“A lo largo de mi vida, me he involucrado en los momentos más terribles de este país. Y los más lindos también. Y siempre lo hice solo con la guitarra”, expresó en aquella entrevista con Piedra de Agua.

Su compromiso no se limitó a los escenarios ni a las composiciones de denuncia. Dedicó parte de su trabajo a la formación artística de niños y niñas, entre ellos personas con síndrome de Down. Para él, la música era una herramienta de expresión y encuentro, una posibilidad de acercar el arte a quienes no siempre tenían acceso a esos espacios.

Esa vocación se reflejó en su vida familiar. En una entrevista y podcast de Los Tiempos Digital, publicada en 2025, habló de su libro Testimonios con guitarra, un proyecto que reunió recuerdos y experiencias de su recorrido artístico.

Su esposa, Cecilia, fue una de sus inspiraciones; su hija Daniela recopiló fotografías y su yerno colaboró con la revisión del material.

Los suyos formaron parte de sus proyectos musicales. Rico contó sobre el trabajo en Réquiem a la Madre Tierra, junto al músico Raúl Ruiz y otros artistas, y sobre una producción dirigida al público infantil en la que participaban sus nietos. La música que había llegado a su vida a través de la guitarra de su padre encontraba así continuidad en las nuevas generaciones.

Su preocupación por el medioambiente quedó plasmada En el funeral del río, una canción que compuso en 1983 junto al poeta boliviano Coco Manto, a partir de la alarma que les provocaba la contaminación del río Choqueyapu, en La Paz.

Rico recordó que la idea surgió después de leer un libro sobre el deterioro ambiental de la ciudad. Quería que la composición, además de acercar al público a los ritmos nacionales, llamara la atención sobre un problema que afectaba incluso a los valles de Río Abajo, cuyos cultivos abastecen de alimentos a la sede de gobierno. Con la imagen de un caudal convertido en cementerio, la obra denunció los desechos, los ácidos y otros contaminantes que deterioraban sus aguas.

Su mirada llegó igualmente al valle cochabambino con ¿Dónde te vas con tu río?, una composición vinculada a la memoria del río Rocha, cuyo nombre antiguo, Condorillo o Kunturillo, está relacionado con una leyenda.

En ambas canciones, los ríos se convierten en protagonistas de relatos sobre la relación de las comunidades con la naturaleza, la contaminación y la necesidad de proteger el agua.

Ese compromiso con los territorios y la naturaleza también estuvo presente en sus últimos años. En 2025, la muerte de Francisco Marupa, indígena del pueblo Leco de la comunidad de Torewa, en el norte de La Paz, volvió a despertar su indignación.

Marupa defendía su territorio y la biodiversidad del Parque Nacional Madidi frente a amenazas como la minería ilegal, el tráfico de tierras y la tala indiscriminada. Su asesinato, ocurrido en febrero de ese año, dejó de luto a las comunidades indígenas de la región y motivó expresiones de rechazo y pedidos de justicia. Rico dedicó textos y composiciones a este hecho y a la destrucción de la vida comunitaria en la Amazonia.

Su repertorio abarcó muchas otras historias, personajes y episodios de la memoria colectiva. Entre sus canciones figuran Cuando Tenga la Tierra, Eustaquio Moto Méndez, Elegía a Juana Azurduy, Pucha Caray, El Último Tinku en París, El Chapaco alzao y Los Mineros Volveremos, títulos que dan cuenta de la diversidad de temas y realidades que encontraron lugar en su obra.

En sus últimas creaciones, dadas a conocer en octubre de este año, figura Matrimonio en el conventillo, una producción grabada junto a la Banda Boulevard, en la que volvió la mirada a los antiguos conventillos bolivianos.

Con nostalgia y un aire costumbrista, la canción evoca aquellos patios compartidos donde los vecinos eran parte de una misma vida: las alegrías, los matrimonios y los acontecimientos que reunían a toda la comunidad. Una muestra de que, hasta sus últimos años, Rico encontró en las historias de la gente motivos para seguir componiendo.

En sus canciones también encontró espacio para las tradiciones de Oruro y la devoción del carnaval, con referencias al Socavón, los diablos y las promesas de los devotos.

En aquella conversación con Los Tiempos Digital, resumió su manera de entender la vida con una frase: “Para mí la vida es un compromiso”.

Expresó, además, su preocupación por la falta de memoria histórica y por la responsabilidad de quienes vivieron épocas de violencia de transmitir ese pasado a las nuevas generaciones.

“Nosotros tenemos la culpa, no hemos contado insistentemente ese dolor del tiempo que nos ha tocado vivir”, reflexionó.

Tras conocerse su fallecimiento, artistas y referentes de la música boliviana expresaron su pesar. Matilde Casazola recordó la amistad que los unió, su calidad humana y el compromiso que compartían con la canción social latinoamericana. Ambos grabaron juntos el bailecito Tanto te amé.

Zulma Yugar destacó su trayectoria y lo recordó como “un grande de la música folklórica”, mientras que el Grupo Femenino Bolivia expresó que su voz, sus canciones y su legado permanecerán.

Luis Rico falleció el lunes 2 de noviembre, a los 81 años. Deja una obra que recorrió diversos capítulos de la historia boliviana: las heridas de las dictaduras, las luchas de los pueblos, la vida de los trabajadores, los paisajes, las leyendas y las tradiciones populares.

Su guitarra fue testigo de ese recorrido y sus canciones se convirtieron en una forma de contar lo que vivió, las luchas que acompañó y aquello que no quiso que Bolivia olvidara. Se va el hombre, pero permanece su voz, esa que nunca se resignó al silencio y que seguirá resonando en la eternidad.

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