Estudiantes de Sociología participan en una de las clases que la UMSA imparte en el penal de San Pedro. | Foto: UMSA.

La Paz, 20 de agosto de 2026 (ABI).- Roger nunca imaginó que algún día estudiaría una carrera universitaria. La oportunidad llegó en un lugar todavía más inesperado: la cárcel de San Pedro, donde cumple una condena y decidió que el tiempo detrás de los muros también podía servir para aprender y mirar la vida de otra manera. Él es uno de los 80 privados de libertad que cursan la carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en seis cárceles de La Paz.

Hace poco comenzó un nuevo semestre y, mientras en el penal de San Pedro estudiantes y docentes se reunían para inaugurar las clases, desde Chonchocoro, Patacamaya, Qalahuma, Miraflores y Obrajes otros universitarios seguían el acto a través de una pantalla. Buena parte de su formación funciona de esa manera: los docentes rotan por los seis recintos y desde cada uno imparten clases que los demás estudiantes siguen de forma simultánea y virtual.

No se trata de cursos ocasionales. Los estudiantes aprueban el prefacultativo, cumplen un plan académico, rinden evaluaciones y avanzan hacia una carrera de cinco años y sus modalidades de titulación.

Según información oficial de la UMSA, la experiencia comenzó en 2018 y ya tiene estudiantes que concluyeron sus materias y se preparan para defender sus tesis.

“En muchos casos se trata de estudiantes que tienen incluso mejores promedios y mejores resultados que estudiantes que lo hacen en condición de libertad. Para nosotros es un triunfo, un logro importante, inaugurar el cuarto semestre para este nuevo grupo y sumar como 80 estudiantes en los seis recintos penitenciarios”, destaca el director de la carrera de Sociología, Eduardo Paz Rada.

Para Roger, estudiar tiene un significado que va mucho más allá de conseguir un título. Tiene 38 años, proviene de una comunidad indígena cercana al lago Titicaca y cuenta que antes de ingresar al penal participaba activamente en asuntos de su pueblo. Hoy encontró en la sociología herramientas para comprender aquello que antes conocía principalmente desde la experiencia.

“Tal vez otras personas pensarán que nosotros estamos caídos hasta el piso, pero nosotros estamos levantándonos con el estudio más bien. Yo quiero aprender, quiero conocer la ciencia, quiero hablar con conocimiento, no solo por opinar, no solo por criticar”, dice.

Durante estos años también atravesó momentos profundamente dolorosos. Perdió a su padre y a su madre durante su encierro. Cuando los recuerda, la voz se le entrecorta, pero insiste en seguir también por ellos. “Yo no pienso dejar, no pienso abandonar jamás”, afirma Roger, quien ya cumplió la mitad de su condena.

Reinserción con educación

Fabiola Albarracín, directora departamental de Régimen Penitenciario de La Paz, sostiene que allí radica precisamente el valor de abrir espacios para la educación superior dentro de los penales. Una persona puede estar privada de libertad —explica— pero conserva otros derechos, entre ellos el de educarse y buscar mejores oportunidades para su vida. En ese camino considera a la UMSA una gran aliada.

Para la universidad, ese principio también guía el programa. “La tarea educativa en recintos es un derecho fundamental de quienes se encuentran en esta condición”, afirma el director de la carrera de Sociología, quien considera que esta formación permite proyectar a los estudiantes hacia la libertad, la profesionalización y la reinserción social.

Detrás de cada clase hay además un trabajo que pocas veces se ve. Rubén Pinto, docente y responsable académico de Recintos Penitenciarios de la carrera, organiza la participación y rotación de los docentes de la casa de estudios superiores por los seis penales y coordina con los responsables de educación de cada recinto para garantizar el desarrollo de las clases.

La experiencia también obligó a adaptar la forma de enseñar, explica Pinto. Combinar presencialidad y virtualidad, adecuar materiales e innovar frente a las limitaciones propias del encierro son algunos de los principales desafíos para este grupo de docentes.

Estudiar dentro de una cárcel tiene dificultades que afuera pueden parecer pequeñas. No siempre hay buena conexión a internet o suficientes computadoras. Algunos estudiantes tienen dificultades incluso para conseguir materiales y útiles, mientras el hacinamiento obliga a buscar espacios donde una clase pueda desarrollarse.

En San Pedro, la voluntad de los estudiantes permitió habilitar un aula y una pequeña biblioteca con apoyo de autoridades penitenciarias y la UMSA. Sus estantes guardan textos de Derecho, Historia, Literatura, Filosofía, Psicología y Sociología, muchos provenientes de antiguas donaciones. Todavía hacen falta libros y hasta diccionarios. Allí, entre esos estantes y las aulas improvisadas, cada materia aprobada puede convertirse en una posibilidad de seguir adelante.

Roger lo sabe. Cuando llegó al centro penitenciario decidió estudiar. Hoy anima a otros privados de libertad a aprovechar la misma oportunidad y asegura que no piensa abandonar sus estudios pese a los obstáculos. Afuera lo esperan su comunidad, sus hermanos y la vida a la que algún día espera regresar; adentro están ahora sus cuadernos, sus compañeros y una carrera que le permite seguir aprendiendo.

En San Pedro, como en las otras cinco cárceles donde llega Sociología de la UMSA, estudiar no cambia las historias que llevaron a cada persona hasta allí, pero puede ayudar a construir lo que viene después. Son cerca de 80 privados de libertad que hoy encuentran entre libros y clases una oportunidad para aprender.

Mientras comienza un nuevo semestre, ellos siguen haciendo, a su manera, aquello que Roger resumió en pocas palabras: levantarse con el estudio.

La UMSA invita a las personas interesadas en apoyar esta iniciativa a donar libros o diccionarios para la pequeña biblioteca de San Pedro. Los aportes pueden coordinarse con docentes de la carrera de Sociología al 70534250.

//MPC/EO