La Paz, 23 de octubre de 2026 (ABI).- Una palkachupa de madera llegó hasta el presidente Rodrigo Paz como símbolo de una especie que identifica a Apolo y cuya supervivencia depende de la protección de los bosques donde habita. El tallado fue entregado por el alcalde de ese municipio paceño, Vicente Mamani, para llamar la atención sobre la conservación de esta ave endémica de Bolivia, catalogada en peligro.
La entrega ocurrió el 20 de octubre, durante un encuentro en el que el Gobierno y 85 municipios de La Paz firmaron un convenio para instalar 4.500 antenas de internet satelital Starlink en unidades educativas, como parte del programa Aula Conectada.
La Asociación Armonía, que trabaja en la protección de las aves y sus entornos en el país, destacó el gesto como una oportunidad para dar visibilidad a la palkachupa (Phibalura flavirostris boliviana) y a los esfuerzos que las comunidades locales impulsan para proteger su hábitat.

“Este gesto ayuda a visibilizar a una especie emblemática de Apolo y los esfuerzos que las comunidades locales, junto con la Asociación Armonía, impulsan para proteger su hábitat”, resaltó a través de sus redes sociales.
La organización también expresó su expectativa de que más autoridades y aliados se sumen a su conservación, porque la protección de la biodiversidad está vinculada al futuro de las comunidades.
La palkachupa no es un ave que se encuentre por todo el país. Su presencia se concentra en el valle de Apolo y sus alrededores, en el departamento de La Paz, dentro de un territorio de aproximadamente 1.800 kilómetros cuadrados.
Su cola larga y bifurcada destaca en una silueta de apenas 21,5 a 22 centímetros, una característica que la distingue de otras aves.
El Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia de 2026 la clasifica en peligro. La evaluación anterior, publicada en 2009, la situaba en una categoría de mayor amenaza: en peligro crítico. Una estimación citada en el documento calcula su población en unos 2.000 individuos, cifra que corresponde a una referencia publicada en 2023.

La supervivencia de esta especie está estrechamente ligada a los bosques del valle de Apolo. Según el Libro Rojo, cerca del 80 % del bosque semihúmedo que habitaba fue quemado y convertido en pastizales para la ganadería. La pérdida y fragmentación de estos espacios reduce los recursos alimenticios, los sitios de anidación y la conexión entre los grupos de aves.
Su reproducción también enfrenta dificultades. La palkachupa pone dos huevos y el éxito de anidación registrado es de apenas el 20 %, debido principalmente a la depredación y, en segundo lugar, a las lluvias fuertes con granizo.
Las proyecciones sobre el cambio climático apuntan, además, a una posible reducción de su área de distribución.
Entre las acciones de conservación, la Asociación Armonía trabajó con la comunidad de Atén para mejorar su escuela, promover la valoración de la especie y capacitar a estudiantes de secundaria como asistentes de investigación.
La palkachupa también está presente en el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi y en el Área Municipal Serranía de Paramarani.

El Libro Rojo plantea fortalecer la protección y restauración de su hábitat, mejorar el manejo de las quemas y las áreas de pastoreo, impulsar el monitoreo de la población y ampliar la participación de las comunidades.
Así, el tallado que llegó a manos del presidente Paz pone rostro a un desafío que va mucho más allá de una representación en madera: conservar una especie propia de Bolivia y los bosques que hacen posible su supervivencia.
//MPC/EO

