La mesa de ofrenda a la Pachamama.La mesa de ofrenda a la Pachamama.

El Alto, 2 de agosto de 2026 (ABI).- Antes de que salga el sol, el aroma ya se siente. Copal, incienso y palo santo comienzan a mezclarse con el aire frío del altiplano que atraviesa las calles de El Alto. En los mercados, donde el bullicio nunca desaparece del todo, agosto tiene un olor propio. Es el mes en que la Pachamama, dicen los amautas y los comerciantes de las chiflerías, «abre su boca» para recibir las ofrendas de quienes buscan agradecer antes que pedir.

En la chiflería Luz, ubicada entre el Puente Río Seco y la avenida Costanera, las manos de Elvira no dejan de acomodar pequeñas figuras de azúcar, velas de colores, hojas de coca cuidadosamente seleccionadas y diminutas llamas elaboradas para formar las tradicionales mesas. Llegó agosto y con él, los clientes uno tras otro.

Elvira, propietaria de la Chiflería Luz

«Estamos vendiendo las mesitas para la huajta a la Pachamama. Hay todo completo: llamitas, mesitas, chanchitos, velas y todo lo necesario para hacer una buena ofrenda para la casa, el trabajo y el negocio», cuenta mientras organiza los paquetes que pronto cambiarán de dueño.

Cada pieza tiene un lugar y un significado. Las figuras de dulce representan los sueños de quien ofrenda: una casa, un vehículo, prosperidad en el negocio, salud para la familia o estabilidad económica. La grasa de llama ocupa el centro de la mesa ceremonial y, en algunos casos, también el sullu, considerado uno de los elementos más importantes de la ofrenda por su profundo simbolismo dentro de la cosmovisión andina.

Alimento para la Tierra: El significado de cada elemento en la mesa de la Pachamama

Elvira explica que no existe una única mesa. Cada persona, familia o actividad económica tiene necesidades distintas y la tradición ha sabido adaptarse a ellas.

«Hay mesas especiales para los mineros. Llevan koas, llamitas, incienso, copal, pan de oro, chancaca y canela. Tenemos mesas de todo precio», dice mientras atiende a una pareja que busca preparar una ofrenda para inaugurar un pequeño negocio.

La escena se repite en decenas de puestos distribuidos por los mercados alteños. Durante agosto, las ventas aumentan y las chiflerías viven uno de los momentos más intensos del año. Pero para quienes llegan hasta estos lugares, la compra va más allá de una transacción comercial.

En la tradición andina, agosto marca un tiempo de reciprocidad. Se cree que la Madre Tierra recibe las ofrendas y, a cambio, bendice las cosechas, protege a las familias y acompaña los proyectos que comienzan. Es un acto de equilibrio con la naturaleza y de reconocimiento a todo aquello que sostiene la vida cotidiana.

«La tradición dura todo el mes. Cualquier día se puede pasar la mesa, siempre con mucho respeto. No es solamente pedir; es agradecer a la Pachamama. Su boca está abierta durante este tiempo y hay que aprovechar para dar gracias», afirma Elvira.

En una ciudad marcada por el crecimiento acelerado, donde conviven nuevas urbanizaciones con antiguas costumbres, la celebración mantiene intacta su fuerza. La modernidad no ha desplazado este ritual; por el contrario, parece haber encontrado nuevas formas de convivir con él. Jóvenes emprendedores, comerciantes, transportistas, profesionales y familias enteras acuden cada agosto a preparar una mesa para sus hogares o negocios.

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