La pieza que más emociona sea el Libro de Cajas Reales de 1809, que guarda entre sus páginas la firma de Pedro Domingo Murillo. (Foto: UMSA)La pieza que más emociona sea el Libro de Cajas Reales de 1809, que guarda entre sus páginas la firma de Pedro Domingo Murillo. (Foto: UMSA)

La Paz, 30 de julio de 2026 (ABI).- Hay documentos que no hablan, pero cuentan historias. Basta abrir una de sus páginas, detenerse frente a una fotografía amarillenta o recorrer con la mirada un antiguo plano para descubrir cómo era la ciudad hace siglos. En el Archivo de La Paz (ALP) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), ese viaje al pasado es posible gracias a una colección que resguarda parte de la memoria más valiosa del departamento.

En el cierre del mes dedicado a La Paz, la casa superior de estudios abrió las puertas de ese patrimonio histórico para mostrar seis de sus piezas más representativas, testimonios que sobrevivieron al paso del tiempo y que hoy permiten reconstruir la historia política, social y cultural de la región.

El recorrido comienza entre estanterías repletas de conocimiento. Más de 14.000 libros especializados conforman una biblioteca dedicada a la historia boliviana, con investigaciones sobre la Revolución del 16 de Julio de 1809 y estudios que, durante décadas, ayudaron a comprender la construcción del departamento paceño. Son textos que siguen siendo fuente permanente de consulta para investigadores, docentes y estudiantes.

A pocos pasos, la historia cambia de formato. Son fotografías centenarias las que invitan a detenerse unos minutos para observar una ciudad diferente. El Illimani domina el horizonte como hace más de un siglo; la calle Sagárnaga conserva el aire de otra época; la calle Jaén aparece casi intacta y el Monoblock de la UMSA se muestra cuando recién comenzaba a convertirse en uno de los íconos arquitectónicos de La Paz. Cada imagen captura instantes que el tiempo transformó, pero que permanecen vivos en el archivo.

La tercera parada conduce a los mapas y planos históricos. Allí se conservan los dibujos originales del templo de Calamarca, el atrio del templo de Laja y un detallado plano de la plaza Murillo elaborado entre las décadas de 1940 y 1950. En él todavía pueden distinguirse antiguas jardineras, monumentos y edificaciones emblemáticas, como el desaparecido Hotel París, que formaron parte del paisaje urbano de la sede de gobierno.

Entre todas las piezas resguardadas, una sobresale por la emoción que despierta. Se trata del Libro de Cajas Reales de 1809, un documento administrativo que terminó convirtiéndose en un testimonio directo de la Revolución del 16 de Julio. Sus páginas conservan la firma original de Pedro Domingo Murillo, junto con las de otros integrantes de la Junta Tuitiva, una huella escrita de los protagonistas que marcaron uno de los episodios más importantes de la historia paceña. El manuscrito fue restaurado por especialistas para garantizar su preservación.

La colección también alberga el documento colonial más antiguo del Archivo de La Paz. Data de 1563 y logró sobrevivir más de cuatro siglos, convirtiéndose en una de las piezas documentales más valiosas que custodia la universidad.

El recorrido concluye con varias series documentales inscritas por la UNESCO en el programa Memoria del Mundo, un reconocimiento internacional que distingue archivos de excepcional valor para la preservación de la memoria colectiva y la identidad de los pueblos.

«El Archivo de La Paz es un repositorio histórico del patrimonio colonial y republicano de nuestro departamento. Conservamos documentos que cuentan quiénes fuimos y nos ayudan a comprender quiénes somos», destacó el director interino del Archivo de La Paz, Fernando Chuquimia.

Más que un espacio destinado a conservar papeles antiguos, el Archivo de La Paz se ha convertido en un puente entre generaciones. En sus salas descansan páginas, fotografías y planos que han sobrevivido guerras, cambios políticos y el paso de los siglos. Gracias al trabajo de conservación de la UMSA, esas piezas continúan narrando la historia de una ciudad que, 217 años después de su gesta libertaria, sigue encontrando en su memoria una de sus mayores riquezas.

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