La Paz, 2 de septiembre de 2026.- “¡Los caballos, los caballos, los caballos!”. Esas fueron las frases que un niño repitió una y otra vez en casa, emocionado por regresar a su terapia después de la reapertura del Centro de Equinoterapia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de la ciudad de La Paz. Al día siguiente volvió a encontrarse con los animales que forman parte de su proceso terapéutico.
Choco, Petiso, Capricho y Fiona tienen temperamentos diferentes, pero los cuatro cumplen una tarea común: acompañar a niños, jóvenes y adultos mayores que encuentran en el contacto con los caballos una forma distinta de trabajar aspectos físicos, emocionales, cognitivos y sociales en el establecimiento que volvió a funcionar y ya recibe nuevamente a la población.

El vínculo comienza incluso antes de montar. Choco, por ejemplo, suele bajar la cabeza cuando un niño se acerca. El animal lo mira, se aproxima y responde a su presencia. Para algunos pequeños, ese primer acercamiento puede convertirse en una oportunidad para intentar comunicarse.
“Como es un ser vivo tiene sus reacciones, te mira, se acerca a ti, te huele. Precisamente ese vínculo se convierte en parte del trabajo terapéutico”, explica Doris Cruz, coordinadora del centro administrado por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
El establecimiento atiende a niños con autismo, TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad), síndrome de Down, retraso del lenguaje, dificultades de aprendizaje e hipotonía muscular. También recibe a adolescentes y jóvenes que atraviesan situaciones relacionadas con ansiedad, depresión, problemas de conducta o dificultades familiares.



Terapeutas del centro adaptan las actividades de cada sesión a las necesidades y objetivos de los pacientes.
Diego Delgado, terapeuta del lugar, recuerda el caso de una niña con diagnóstico de autismo, además de TDAH y mutismo selectivo. Al principio tenía miedo de acercarse al caballo. El trabajo fue gradual hasta que logró ganar confianza y comenzó a hablar con terapeutas y otras personas. También registró avances en su atención y en el aspecto físico.
A ese vínculo se suma el galope del cuadrúpedo. Durante la marcha, el cuerpo recibe un movimiento rítmico y tridimensional que forma parte de las herramientas utilizadas por los terapeutas. El equipo también incorpora juegos, música, palabras y otras actividades de acuerdo con los objetivos definidos para cada usuario.
Pero cada proceso tiene características propias. Cuando el caso lo requiere, el centro recurre a un trabajo multidisciplinario con áreas como Psicología, Terapia Ocupacional y Fisioterapia, cuyos objetivos son comunicados a las familias.




Las sesiones de equinoterapia incorporan la marcha del caballo, juegos y otras actividades de acuerdo con los objetivos de cada paciente.
Cuatro caballos, cuatro formas de acompañar
La personalidad de cada animal también influye en el trabajo. Choco tiene un paso tranquilo y paciente, y está acostumbrado a estímulos como música y pelotas. Por esas características acompaña principalmente a niños, incluidos aquellos con autismo.
Petiso es más joven y enérgico. Su trabajo se concentra sobre todo con adolescentes que presentan dificultades conductuales. Cuando el animal se inquieta, el usuario debe aprender a detenerlo y regular esa energía.
Capricho participa en intervenciones relacionadas con ansiedad, depresión, adicciones y dependencia. Fiona, de temperamento fuerte, acompaña principalmente a personas que ya avanzaron en su proceso terapéutico. Con ella, explica Cruz, también se trabaja la capacidad de regular el propio carácter para conseguir una respuesta del animal.



Los caballos que acompañan las sesiones de equinoterapia en el centro de la UMSA.
La experiencia puede incluso ir más allá de montar a caballo. Para las personas que no pueden hacerlo, el centro ofrece una experiencia vivencial terapéutica, que permite acercarse a los animales, alimentarlos, acariciarlos o cepillarlos. Los adultos mayores pueden participar además en actividades de arteterapia y danzaterapia.
Cruz recuerda entre los casos más significativos para ella el de una joven con anorexia y bulimia que llegó al centro después de conocer el servicio por un medio de comunicación. Su estado inicial era delicado, pero con el proceso terapéutico logró avanzar y actualmente tiene un trabajo relacionado con lo que le gusta.
“Para mí ha sido muy significativo porque realmente la equinoterapia puede llegar a mucho más de acuerdo a cada condición”, señala.
Un centro que también forma profesionales
La reapertura del espacio fue precedida por un proceso de evaluación y reorganización que incluyó requisitos financieros, jurídicos y de infraestructura, además de un reglamento interno con protocolos de atención y bienestar equino.
Antes del cierre, el sitio llegó a atender a unas 300 personas al mes. Ahora busca recuperar esa capacidad y ampliar la atención a más familias.

El espacio también funciona como un lugar de aprendizaje para estudiantes de distintas carreras de la UMSA, mediante voluntariados, pasantías y modalidades de titulación. Psicología, Veterinaria, Ciencias de la Educación, Ciencias Políticas, Matemáticas y Administración de Empresas son algunas de las áreas que pueden aportar al funcionamiento del centro.
Para Cruz, esa participación permite que los estudiantes lleven sus conocimientos a un espacio concreto. Veterinaria, por ejemplo, contribuye al control de los caballos, su calendario sanitario y el manejo equino; mientras que otras carreras apoyan en áreas psicopedagógicas, investigación, inclusión, administración y fortalecimiento institucional.
“Los voluntarios son el alma del centro”, resalta la coordinadora del espacio, quien resume el trabajo en tres principios: respeto al usuario, al caballo y al equipo.


Adolescentes observan y acompañan a los caballos durante una de las actividades del centro.
El Centro de Equinoterapia de la UMSA ofrece actualmente equinoterapia especializada, con sesiones individuales de 45 minutos, y equinoterapia grupal, con actividades adaptadas a las características de cada grupo.
El sitio está ubicado en el Campus Universitario, entre las calles 28 y 29 de Cota Cota. Las sesiones tienen costos desde Bs 25 y para consultas está habilitado el WhatsApp 70156378.
Después de una pausa, Choco, Petiso, Capricho y Fiona ya volvieron a su lugar. Y para algunos de sus pequeños pacientes, regresar junto a ellos parece ser una noticia que merece repetirse una y otra vez.
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