Santa Cruz, 8 de abril de 20256 (ABI).- Hay partidos que se juegan con la pelota y otros con el alma. El duelo entre Blooming y River Plate en Santa Cruz fue de los segundos. Desde el pitazo inicial, ambos equipos dejaron claro que cada balón sería disputado como si fuera el último: roces constantes, pulsaciones al límite y un ambiente de tensión que mantuvo a la afición al borde de la butaca.
River Plate sufrió un golpe temprano que condicionó su estrategia: al minuto 5, Lucas Martínez Quarta fue expulsado tras una falta sobre Bayron Garcés, confirmada por el VAR. La tarjeta roja obligó al equipo argentino a reorganizarse, mientras Blooming, con más espacio para atacar, buscaba incomodar y aprovechar la superioridad numérica. Entre saques de meta de Santiago Beltrán, despejes heroicos de Germán Pezzella y atajadas oportunas, River logró mantener el arco a salvo durante la primera mitad.
A pesar de la inferioridad numérica, River Plate abrió el marcador al minuto 38 gracias a Sebastián Driussi, que definió con categoría tras una buena combinación colectiva. Sin embargo, el fútbol, ese juego que no siempre respeta la lógica, tenía otro capítulo reservado.
En el segundo tiempo, Blooming salió con determinación y fe intacta. Presionó, disputó cada balón y generó oportunidades claras. La insistencia tuvo su premio al minuto 8, cuando Anthony Vásquez empujó la pelota al fondo de la red tras una jugada revisada por el VAR, que terminó validando el gol y desatando la euforia de la afición local.
A partir de ese momento, el partido se convirtió en un ejercicio de resistencia: River Plate empujó con más ímpetu que claridad, mientras Blooming se defendió con uñas y dientes, con despejes de Braulio Uraezaña y Matías Viña que mantuvieron el marcador igualado.
Los cambios tácticos de ambos equipos –la entrada de Juan Cruz Meza y Gonzalo Montiel en River, y César Menacho y Auli Oliveros en Blooming– aportaron frescura y tensión, manteniendo un ir y venir constante de saques de banda, tiros de esquina y remates desviados. Faltas, tarjetas amarillas y la intervención permanente del VAR fueron parte de la dinámica, haciendo que cada minuto contara y cada acción resultara decisiva.
Al final, el empate 1-1 reflejó la intensidad, el coraje y la capacidad de resistencia de ambos equipos. Para Blooming, el punto tuvo sabor a triunfo, un reconocimiento a su espíritu combativo y a la defensa heroica que sostuvo hasta el último suspiro.
Para River Plate, fue un resultado que confirma su solidez defensiva pese a la expulsión temprana, pero que deja la sensación de que, en noches así, no siempre gana el más grande, sino el que más resiste.
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