La Paz, 5 de marzo de 2026 (ABI).- Los feminicidios en Bolivia presentan un nivel de violencia cada vez más extremo y, en muchos casos, son previamente planificados, advirtió la directora ejecutiva de la Coordinadora de la Mujer, Tania Sánchez. La activista señaló además que por cada mujer asesinada existen al menos dos que sobreviven a intentos de feminicidio.
Aunque la cifra total de feminicidios ha mostrado una tendencia a la baja en los últimos años, el nivel de odio con el que se cometen estos crímenes genera una nueva preocupación.
“Antes se hablaba de reacciones inesperadas o de la mal llamada pasión violenta. Ahora vemos feminicidios premeditados. Se planifican y el nivel de violencia con el que se ejecutan es lo que más nos llama la atención”, afirmó Sánchez en entrevista con medios estatales.
En 2022, Bolivia registraba más de 100 feminicidios por año. La cifra descendió en los últimos periodos y el 2025 cerró con alrededor de 81 casos. Sin embargo, la gravedad de los hechos y las tentativas evidencian que la violencia letal contra las mujeres sigue siendo una amenaza constante.
Según datos citados por la Coordinadora de la Mujer, por cada feminicidio hay al menos dos tentativas de asesinato, revelando una dimensión mayor de violencia extrema. Solo en los primeros dos meses de 2026 se registraron 19 feminicidios, a pocos días del Día Internacional de la Mujer.
Sánchez también denunció fallas en el sistema de justicia. Muchas mujeres enfrentan cuestionamientos, estereotipos y revictimización al denunciar hechos de violencia ante la Policía, la Fiscalía o los servicios de atención. Cada año se reportan más de 50.000 denuncias de violencia contra mujeres en Bolivia, lo que equivale a más de 100 casos diarios, pero solo una parte mínima de estos procesos llega a resolución.
El mayor riesgo para las mujeres se encuentra en su entorno cercano: cerca del 80% de los feminicidios son cometidos por parejas o exparejas. Además, de los más de 50.000 casos de violencia registrados anualmente, aproximadamente 10.000 corresponden a violencia sexual contra niñas y adolescentes, la mayoría dentro del círculo familiar.
Frente a esta situación, la Coordinadora de la Mujer insistió en la necesidad de fortalecer la prevención, la educación y las políticas públicas para enfrentar la violencia de género.
“La violencia contra las mujeres no es un problema de nosotras, es un problema social”, concluyó Sánchez.
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