La Paz, 22 de julio de 2026 (ABI).- El color intenso del ají que da identidad a la cocina chuquisaqueña y las redes que, desde hace generaciones, tejen los pescadores Weenhayek en el río Pilcomayo ya forman parte de un mismo patrimonio reconocido por el mundo. Bolivia incorporó al Atlas Internacional de Alimentos (Food Atlas) de la UNESCO dos de sus expresiones alimentarias más representativas: la cultura del ají de Chuquisaca y la pesca tradicional del pueblo Weenhayek de Tarija.


Más que ingredientes o técnicas de producción, el reconocimiento rescata historias, conocimientos y formas de vida transmitidas de generación en generación. Es un homenaje a quienes han mantenido vivas estas prácticas y una oportunidad para proyectar al mundo la diversidad cultural y gastronómica del país.


El anuncio se realizó este miércoles en Palacio Chico, en la ciudad de La Paz, donde fueron presentados los documentales que sintetizan años de investigación y trabajo conjunto entre comunidades, productores, instituciones locales, la UNESCO y el Estado boliviano.
Las producciones muestran el recorrido del ají desde los cultivos y mercados populares de Sucre y Padilla hasta las cocinas donde se convierte en el sello de la gastronomía chuquisaqueña. Del otro lado del país, las imágenes acompañan a las familias Weenhayek en las riberas del Pilcomayo, donde la pesca continúa siendo una práctica ancestral que conserva técnicas, conocimientos y una estrecha relación con la naturaleza.
Para construir ambos documentales también se desarrollaron talleres de fortalecimiento de capacidades con productores, comunidades e instituciones vinculadas a estas expresiones culturales, con el propósito de documentarlas y preservarlas para las futuras generaciones.
La viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, destacó que la incorporación al Food Atlas representa un reconocimiento al patrimonio alimentario del país y al conocimiento que las comunidades han resguardado durante siglos.
«Es un reconocimiento a la historia, el trabajo y el conocimiento de las comunidades que han preservado estas prácticas ancestrales durante generaciones. Cada alimento cuenta una parte de quiénes somos como país, y visibilizar este patrimonio es también una forma de protegerlo, valorarlo y proyectar la extraordinaria diversidad alimentaria de Bolivia al mundo», afirmó.
La coordinadora del proyecto Food Atlas Bolivia-UNESCO y jefa de la Unidad de Gestión, Conservación y Puesta en Valor del Patrimonio Alimentario del Viceministerio de Gastronomía, Lupita Meneses, señaló que la incorporación de ambos documentales permitirá que millones de personas conozcan la riqueza alimentaria del país.
«La inclusión de los videos documentales en el Food Atlas de la UNESCO permitirá mostrar Bolivia al mundo, su gran riqueza patrimonial alimentaria y su condición de país megadiverso, donde la alimentación constituye un espacio de encuentro entre culturas y ecosistemas», sostuvo.
Por su parte, la representante de la UNESCO Montevideo, Alcira Sandoval, destacó que el Atlas busca preservar estas prácticas para las futuras generaciones y reconocer el profundo significado que el patrimonio alimentario tiene para las comunidades.
Impulsado por la UNESCO con el apoyo del Ministerio de Cultura de Arabia Saudita, el Food Atlas documenta prácticas alimentarias tradicionales de distintos países como una forma de salvaguardar conocimientos vinculados a la agricultura, la pesca, la biodiversidad y la producción sostenible.
Con la incorporación del ají chuquisaqueño y la pesca tradicional Weenhayek, Bolivia no solo suma dos documentales a una plataforma internacional. También abre una ventana para que el mundo conozca que detrás de cada plato, de cada semilla y de cada jornada de pesca existen comunidades que han hecho de la alimentación una expresión de su historia, su territorio y su identidad.
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