El presidente Gualberto Villarroel. Foto: Archivo / InternetEl presidente Gualberto Villarroel. Foto: Archivo / Internet

La Paz, 21 de julio de 2026 (ABI).– La memoria sobre la trágica muerte de Gualberto Villarroel en Palacio de Gobierno pervive en la historia de Bolivia, a 80 años de ese dramático suceso. Fue asesinado, lanzado desde el segundo piso y colgado en un farol de Plaza Murillo, en medio de la convulsión política y social. La escena estremecedora marcó el desenlace de un gobierno que, con reformas sociales, preparó el camino hacia la Revolución de 1952 y la profunda confrontación con sectores conservadores.

Villarroel llegó al poder el 20 de diciembre de 1943, tras un movimiento cívico-militar respaldado por jóvenes oficiales y un naciente Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

“No somos enemigos de los ricos, pero somos más amigos de los pobres”, fue la frase más recordada de Villarroel, que resume el sentido de las políticas que llevó a cabo durante su gobierno, con una visión de transformación del Estado e incorporación de sectores excluidos, como los pueblos indígenas y trabajadores.

Precisamente, uno de los hitos más recordados de su gestión fue la convocatoria al Primer Congreso Indígena de Bolivia en 1945, que le permitió conocer las demandas de los indígenas. Posteriormente, instituyó reformas sociales como la eliminación del llamado pongueaje, medidas para el fortalecimiento de los derechos de los trabajadores, políticas de protección social y mayor atención a las necesidades de los sectores sociales.

Sin embargo, también enfrentó una creciente oposición de sectores conservadores y organizaciones sindicales, que cuestionaban la forma en que llegó al poder y algunas polémicas decisiones políticas. La situación se agravó y terminó en una convulsión social y política el 21 de julio de 1946.

Ese año, sus detractores tomaron Palacio de Gobierno y acabaron con la vida de Villarroel de la forma más trágica. Según algunos historiadores, al ver ingresar a los manifestantes, Villarroel se escondió en un ropero de la oficina; sin embargo, alguien lo habría visto y disparó una ráfaga de metralleta. Luego, abrieron el ropero, tomaron el cadáver, lo llevaron hasta el segundo piso y lo lanzaron desde el balcón hacia la calle Ayacucho. No conformes con eso, lo condujeron hasta un farol en Plaza Murillo para colgarlo.

La muerte del presidente desencadenó malestar en los pueblos indígenas. Es así que, un año después, se produjeron levantamientos y sublevaciones en distintas regiones del país.

Algunos analistas coinciden en que las reformas sociales de Villarroel no terminaron de ejecutarse plenamente durante su gobierno, sino que abrieron camino para concretarse posteriormente. Los levantamientos indígenas continuaron con las mismas exigencias que había dejado el Congreso Indigenal hasta 1952, año en que se registró la Revolución liderada por el MNR, con el respaldo de diferentes sectores sociales. Ese acontecimiento llevó al poder a Víctor Paz Estenssoro, quien en su momento fue ministro en el gobierno de Gualberto Villarroel.

Paz Estenssoro, mediante un decreto, declaró al expresidente Gualberto Villarroel como “Mártir de la Revolución Nacional”.

Han pasado 80 años y la figura de Villarroel sigue siendo motivo de diversas interpretaciones por parte de historiadores y analistas. Como homenaje al exmandatario, una provincia paceña lleva su nombre; así como también un importante espacio público de la ciudad de La Paz, la Plaza Villarroel; asimismo, el Colegio Militar del Ejército de Bolivia también lleva su nombre.

LC/AC