Desde las ramas de un árbol, Álvaro Muñoz se prepara para poner a salvo un enjambre y trasladarlo a una caja de apicultura. | Fotos: Álvaro Muñoz.

Tarija, 6 de noviembre de 2026 (ABI).- De los enjambres que otros quieren eliminar a colmenas que encuentran un nuevo hogar. Así transcurre parte de la vida de Álvaro Muñoz Condori, un tarijeño que convirtió el rescate de abejas en una iniciativa de conservación que también le permite producir miel.

Cuando estos insectos aparecen en una vivienda, un árbol o un espacio público, muchas personas buscan cómo deshacerse de ellos. Álvaro, en cambio, acude para salvarlos y trasladarlos a un lugar seguro, donde puedan formar sus colonias.

“Todas las abejas que rescaté, las iban a eliminar. Si yo no las rescataba, estaban destinadas a morir; lo iban a cerrar el lugar con cemento, les iban a echar veneno. Entonces, lo mejor que se podía hacer era sacarlas”, dijo en entrevista con la Agencia Boliviana de Información (ABI).

Su historia comenzó después de la pandemia, cuando decidió dedicar parte de su vida a una causa que considerara más grande que él mismo. Ya trabajaba en reforestación y tenía proyectos ambientales, pero no imaginaba que las abejas terminarían por abrirle otro camino.

Cada rescate representa una oportunidad para evitar que una colonia termine bajo el veneno o el cemento. | Fotos: Álvaro Muñoz.

La primera señal llegó a su casa, una antigua vivienda colonial en el centro de Tarija. Un enjambre se había instalado en un espacio de desagüe que la familia confundió con una caja de agua. Un día, su tía abrió la tapa y las abejas salieron de golpe. La mujer recibió varias picaduras y pidió ayuda para retirar el panal sin exterminarlo.

Álvaro tenía una empresa de fumigación y, aunque durante años recibió llamadas para eliminar abejas y avispas, nunca aceptó esos trabajos. Sabía que estos insectos cumplen una labor importante para el medioambiente. Esta vez decidió dar un paso más: compró un traje de protección, una caja para las colmenas y los equipos necesarios para aprender a rescatarlas.

Su primer intento, no obstante, no salió como esperaba. Buscó la ayuda de un apicultor experimentado para trasladar las abejas, pero las lluvias complicaron la situación. Antes de concretar el rescate, el enjambre abandonó el lugar y se marchó. Álvaro se quedó con los equipos, pero no renunció a la idea.

Publicó anuncios en redes sociales para ofrecer el servicio y, semanas después, recibió una llamada del centro de bellas artes de la Universidad Juan Misael Saracho, donde una colmena se había instalado en el sobrecimiento de una antigua construcción de adobe. Allí realizó su primer rescate junto a Raúl Romero, un apicultor con más de 30 años de experiencia que desde entonces se convirtió en su compañero y maestro.

La operación comenzó cerca de las 19.00 y concluyó casi a la medianoche. El momento decisivo llegó cuando consiguieron sacar a la reina, que se había escondido entre los panales. Una vez que la introdujeron en la caja, las demás abejas también entraron y el traslado pudo completarse.

Ese primer encuentro también transformó la relación de Álvaro con estos insectos. Aunque estudió Ingeniería y tuvo una materia de apicultura, nunca le interesó demasiado el tema. Además, les tenía miedo porque ya había sufrido picaduras. El trabajo directo con las colmenas le permitió comprender que no atacan sin motivo: se defienden cuando alguien invade su espacio.

Para Álvaro, las abejas son un ejemplo de trabajo colectivo y cooperación, valores que considera necesarios también en la sociedad. | Fotos: Álvaro Muñoz.

“Me he dado cuenta que realmente tenía miedo de ellas. (…) Una vez que ya he empezado a convivir con ellas, a visitarlas, a entrar en su hogar, me he dado cuenta que no son tan malas como uno piensa. Ellas solamente se defienden”, contó.

Después de cada rescate, las abejas encuentran un nuevo hogar en La Abril, una finca agroecológica de una hectárea y media, ubicada en la zona de La Victoria, a unos 15 o 20 minutos de la ciudad de Tarija. Allí disponen de flores y un entorno favorable para formar sus colonias.

Álvaro tiene bajo su cuidado cuatro colmenas: tres en cajas especiales para apicultura y otra que permanece en un antiguo turril.

Uno de los rescates más exigentes ocurrió en un terreno del barrio Lourdes, donde una colonia había ocupado un turril durante aproximadamente dos años. El recipiente, lleno de panales y miel, pesaba entre 60 y 70 kilos. Álvaro y Raúl tuvieron que cargarlo entre ambos para poner a salvo a las abejas, antes de que alguien cumpliera la amenaza de prenderle fuego al lugar.

Hasta el momento de la entrevista, Álvaro había concretado cuatro rescates: dos de colmenas y dos de enjambres. También recibe llamadas por colonias instaladas en postes de luz, aunque reconoce que esos casos requieren otras condiciones y no siempre puede intervenir.

Su iniciativa no se limita a trasladar las abejas. También produce miel cruda, con un filtrado sencillo, y procura extraer únicamente el excedente de las colmenas. Las abejas conservan sus reservas para alimentarse durante los meses fríos, una precaución que considera indispensable para no debilitar las colonias.

En su trabajo busca incorporar prácticas de apicultura biodinámica, con un manejo más consciente de estos seres y no solo con fines comerciales. También destaca la resistencia de las abejas criollas que rescata, pues han logrado sobrevivir sin el cuidado permanente de los apicultores.

Junto a Raúl y, en algunas ocasiones, su novia Erika, quien documenta los rescates para las redes sociales, Álvaro difunde esta labor a través de su canal de TikTok, Chapaco Consciente. Allí comparte videos y consejos para acercar a más personas al cuidado de las abejas.

Para él, estos insectos tienen mucho que enseñar a los seres humanos. Su trabajo colectivo, la entrega a la colmena y la forma en que contribuyen a la reproducción de las plantas son algunas de las razones por las que decidió protegerlos.

“Si nosotros los seres humanos pudiésemos limitar un poquito esa forma de vivir de las abejas, creo que nuestra sociedad y, en realidad, el globo estaríamos haciendo mejor. Seríamos, yo creo, puro amor y pura entrega hacia el prójimo”, reflexionó.

Mientras más personas conocen su iniciativa, más llamadas recibe para nuevos rescates. Él espera ampliar esta labor y conseguir que quienes encuentren un enjambre no piensen primero en el veneno o el fuego, sino en una alternativa de salvataje.

Quienes necesiten solicitar el rescate de una colonia o un enjambre pueden contactar a Álvaro a través de sus redes sociales: en Facebook como Álvaro Muñoz Condori y en TikTok como Chapaco Consciente. También pueden comunicarse al 792-635-88. Por esos mismos medios pueden consultarle sobre la disponibilidad y compra de la miel que produce.

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