La Paz, 4 de marzo de 2026 (ABI).– Era un gigante silencioso surcando los cielos de Bolivia. El Lockheed C-130H Hércules, matrícula FAB-81, conocido entre sus tripulaciones como “la chancha”, no era un avión cualquiera: durante casi cinco décadas se convirtió en las alas de la solidaridad boliviana.
Desde su llegada al país en 1977 hasta su último vuelo el pasado 27 de febrero de 2026, transportó no solamente carga, sino personas, ayuda humanitaria, medicamentos, vacunas, combatió contra el narcotráfico y hasta trasladó animales vivos, llegando a lugares donde nadie más podía aterrizar.

En su último viaje, la misión fue el traslado de billetes del Banco Central de Bolivia. La ruta era de Santa Cruz a La Paz, pero la aeronave sufrió un accidente al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de El Alto cerca de las 18.00 dejando un saldo de 24 muertos y una treintena de heridos. Según el piloto Erick Rojas, la pista estaba congelada y los frenos no respondieron, lo que convirtió a la maniobra en imposible de controlar.
La Fuerza Aérea Boliviana (FAB) rindió un emotivo homenaje a la aeronave: “Despedimos a un fiel compañero que cumplió su misión con honor, dejando huellas imborrables en cada operación y en cada ser al que sirvió. Su legado permanecerá como ejemplo de entrega y vocación”, se destacó en un video institucional publicado en sus redes sociales.
Llegó a Bolivia hace 49 años
Ramiro Molina, historiador de la Fuerza Aérea Boliviana, contó a la Agencia Boliviana de Información (ABI) cómo llegó el FAB-81 a Bolivia.
“Durante el primer gobierno de Hugo Bánzer, en 1976, se suscribieron los contratos para adquirir dos aeronaves Lockheed C-130H Hércules completamente nuevas de fábrica, directamente de la Lockheed Aircraft Corporation de Estados Unidos. Estas aeronaves llegaron a Bolivia en julio de 1977 y marcaron un antes y un después en el transporte aéreo del país”, recuerda Molina.

Cuenta que inicialmente, las aeronaves operaron bajo Transporte Aéreo Militar (TAM) y, posteriormente, pasaron a la recién creada Transportes Aéreos Bolivianos (TAB) el 7 de noviembre de 1977. “Desde entonces, participaron en innumerables operaciones de transporte de carga, importación y exportación de alimentos durante varios años, además de cursos de instrucción de lanzamiento de paracaidistas, participó en la lucha contra el narcotráfico y apoyó en catástrofes naturales”, explica.
Molina también recuerda que el avión llevó animales vivos como leones rescatados de un circo, caballos de competición y hasta caimanes de lagunas del Beni que se estaban secando. Los especímenes fueron trasladados a refugios fuera del país. “Llegaba a cualquier lugar, incluso pistas cortas y no preparadas. Fue siempre un puente de esperanza y auxilio”, destaca.

Durante los bloqueos y crisis alimentarias, la aeronave FAB-81 fue esencial, según Molina. “Este último bloqueo de caminos que se desarrolló en enero, transportó carne, pollo y otros alimentos”, recuerda.
Salvó vidas en misiones internacionales
La FAB-81 no solo sirvió a Bolivia. En diciembre de 1989, durante la invasión estadounidense a Panamá conocida como “Operación Causa Justa”, el gobierno de Jaime Paz Zamora —padre del presidente del Estado Rodrigo Paz— dispuso la evacuación de bolivianos atrapados en medio del conflicto.

labor, como la evacuación de ciudadanos de Panamá en 1989
“Despegó del aeropuerto de El Alto una aeronave C-130-A Hércules con tripulación boliviana, llegando al aeropuerto ‘Omar Torrijos’ bajo intenso bombardeo. Lograron evacuar 26 bolivianos y siete ciudadanos de otros países, todos ilesos”, recuerda Molina.
La operación demostró el inmediato accionar del entonces presidente de Bolivia Jaime Paz, la pericia y valentía de los pilotos y suboficiales, que incluían experiencia previa en Angola y Sierra Leona. “La aeronave permitió rescatar vidas cuando parecía imposible. Ese día, sus alas fueron literalmente salvación”, agrega.
Entre 1995 y 1999, la FAB-81 fue alquilada a la ONU para transportar ayuda humanitaria en África, participando en misiones en Luanda, Uganda, Sierra Leona y Zambia, regresando al país tras cuatro años de servicio.
En 2020, durante la pandemia de COVID-19, el Hércules trasladó medicamentos, vacunas y oxígeno, enfrentando riesgos en los viajes y la naturaleza delicada de la carga.
Más que un avión, un símbolo de esperanza
El FAB-81 también participó en desastres naturales dentro de Bolivia, sofocando incendios en la Chiquitania en 2024 y llevando ayuda humanitaria durante inundaciones y escasez de alimentos. “En cada vuelo, sus alas llevaron auxilio y salvación cuando el tiempo era decisivo”.
Sobre la pérdida del Hércules, Molina advierte: “Es irreparable. Ojalá no tengamos que enfrentar otra crisis similar sin esta capacidad. Este tipo de aeronaves son vitales para un país con nuestra geografía”.
Actualmente, la Fuerza Aérea Boliviana mantiene operativos tres aviones C-130 más en la Fuerza de Tarea “Diablos Negros” en El Alto, mientras que la FAB-81 era la última aeronave de su tipo en operar dentro de TAB.


Sobre la posible compra de un reemplazo, Molina explica que una aeronave moderna similar podría costar cerca de $us 20 millones. “Son inversiones altas, pero necesarias para asegurar que Bolivia continúe contando con este tipo de transporte estratégico”.
Al estrellarse a tierra, la estructura del avión quedó destruida luego de recorrer un kilómetro fuera de control desde el contacto con la pista en su último vuelo; sin embargo, la memoria de la aeronave trasciende la tragedia.

Desde su llegada a Bolivia, la FAB-81 ha sido testigo y protagonista de la historia moderna del país, transportando a autoridades, ciudadanos y carga esencial, siempre con profesionalismo y valentía. Su pérdida es irreparable, pero su legado permanecerá en la memoria de quienes dependieron de sus alas y en las tripulaciones que, generación tras generación, la llevaron a volar hasta donde nadie más podía. En un país de geografías extremas y desafíos constantes, la FAB-81 demostró que un avión no es solo metal y motores: es esperanza, solidaridad y compromiso con la vida.
