La Paz, 12 de octubre de 2026 (ABI).- En el segundo patio del Monoblock Central de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), en la ciudad de La Paz, un pequeño puesto de jugos alivia los bolsillos de los estudiantes. Marcelo Arce es el alma de este emprendimiento, un espacio donde el esfuerzo y la fe se transforman en vasos de jugo de plátano o papaya a tan solo Bs 1, una alternativa que cuida la salud y la economía universitaria.
“Esta iniciativa nace de la economía. Y nosotros estamos tratando de colaborar, ayudar a los estudiantes que en verdad necesitan”, dijo a ABI Marcelo.
Desde las 08.00 hasta las 17.00, él permanece detrás del puesto. La mayor afluencia llega entre las 11.00 y las 14.00, cuando los universitarios se acercan por un vaso de jugo o alguna de las masitas que también ofrece. El vaso de 200 mililitros cuesta Bs 1 y el de 400 mililitros, Bs 2.
En los mercados paceños, un jugo puede costar alrededor de Bs 8 o Bs 10, mientras que en restaurantes el precio puede ser incluso mayor. La diferencia explica parte del atractivo del puesto, aunque los estudiantes que ya lo conocen también destacan la calidad de la bebida, que puede prepararse con leche o agua, además de la forma en que Marcelo los recibe.

“Me parece buena esta iniciativa para los que no tenemos presupuesto”, contó María Alejandra, estudiante de Arqueología.
Kevin Laura, de la carrera de Comunicación Social, también destaca el precio y el trato. “Me parece bien y súper económico para quienes somos de bajos recursos. Recomendadísimo. Además, el casero es buena onda, siempre te atiende con la mejor de las actitudes”, dijo.
Sara, estudiante de Ciencias Económicas, incluso se desplaza con sus amigos hasta Sociales para comprar el jugo.
“Me parece súper bien, una ayuda para todos nosotros, para que estemos con ánimo en la mañana, un juguito. Empezar con ganas el día, más que todo”, comentó.
Marcelo procura que el bajo precio no signifique menor calidad. El plátano y la papaya que utiliza los compra principalmente en Villa Dolores, en El Alto, donde encuentra mejores precios; en ocasiones también acude a El Tejar, cerca del cementerio.
“No por lo que yo voy a vender económico, voy a dar como sea, sino tengo que dar más calidad”, explicó.
La avena se suma a la oferta y puede prepararse con o sin azúcar, según el gusto de cada cliente. Sobre la mesa también aparecen empanadas croissant, brownies, torta marmolada y conitos, con precios que van desde Bs 1 hasta Bs 2.
Pero hay un detalle que distingue a Marcelo incluso antes de probar el jugo: el gorro de chef que lleva puesto con el mensaje “Dios es Amor”.

La frase no está allí por casualidad. Él cuenta que desde niño recibió la enseñanza de ayudar a los demás sin mirar quién es la persona que tiene delante. Esa idea terminó formando parte de su manera de trabajar y también del proyecto que sostiene junto a otras cuatro personas vinculadas a la congregación cristiana Dios es Amor.
La iniciativa comenzó hace dos años, después de que observara otros emprendimientos que buscaban ofrecer alimentos a precios bajos, como almuerzos a Bs 6, tucumanas a Bs 1 y llauchas también a Bs 1. Pensó que podía aportar desde lo que sabía hacer y eligió los jugos.
El grupo no permanece siempre en el mismo lugar. Con el apoyo de Bienestar Social de la UMSA, se desplaza entre distintas facultades y permanece alrededor de tres o cuatro meses en cada una. En Ciencias Sociales llevan cerca de un mes y diez días.
Detrás del puesto también está su padre, Juan José Arce. Él ayuda con la compra de frutas y masitas y acompaña a Marcelo en este emprendimiento que, más allá de los ingresos, considera una forma de ayudar a los jóvenes.
“Estoy apoyando como padre, porque es un emprendimiento y aparte de eso, que es una ayuda para los jóvenes, porque hemos visto que, como mi hijo, van a la universidad, pero prácticamente a veces incluso sin desayunar”, contó.
Para él, apoyar a su hijo también es una forma de reconocer un esfuerzo que comenzó desde muy temprano. Dice sentirse feliz de verlo trabajar y considera que esta iniciativa es “una bendición de Dios”.
Así, entre una licuadora, frutas, masitas y estudiantes, el joven mantiene viva una iniciativa que nació para ayudar, con precios al alcance de todo bolsillo, y que también se convirtió en una manera de ganarse la vida.
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