La Paz, 9 de octubre de 2026 (ABI).– Los teleféricos que sobrevuelan la ciudad, las viviendas que se observan de cerca desde las cabinas y los nevados que aparecen a lo lejos forman parte de las imágenes que sorprendieron a la actriz alemana Diane Kruger en su primera visita a Bolivia. La artista llegó al país para filmar Proyecto K, una película de Netflix sobre la persecución del criminal nazi Klaus Barbie, y se quedó con ganas de conocer mucho más.
Durante su estadía en La Paz, Kruger fue recibida por el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Paz, y el director de Bolivia en el Mundo, Rodolfo Salinas. En el encuentro, la Cancillería le entregó un reconocimiento simbólico como “Boliviana Honoraria” y una joya artesanal de bolivianita inspirada en el Illimani.
En una entrevista exclusiva con esa institución, la actriz compartió sus impresiones sobre el país y expresó su deseo de regresar.


“Creo que este es un país que necesita ser redescubierto”, dijo Kruger al describir a Bolivia como un territorio lleno de oportunidades y con una riqueza que va más allá de sus recursos naturales.
Cuando le pidieron resumir su impresión del país, en una palabra, eligió “emocionante”. También aseguró que ya les habló de Bolivia a sus amigos y que quiere volver para dedicar más tiempo a recorrerla.
La actriz reconoció que la sede de gobierno superó sus expectativas y calificó a la ciudad como un escenario espectacular para el rodaje. Explicó que pocas producciones cinematográficas pueden filmar en los lugares reales donde transcurren sus historias, debido a los costos, por lo que valoró la posibilidad de trabajar en la capital política boliviana.

A su juicio, la ciudad tiene características que no se pueden reproducir en otro lugar y permite acercarse a una cultura que hasta ahora conocía poco.
Los teleféricos llamaron especialmente su atención. Kruger los comparó con un centro de esquí porque, al principio, esperaba encontrar nieve alrededor, hasta que distinguió un pico nevado a la distancia, el Illimani.
También le sorprendió la cercanía con la que se observan las casas desde las cabinas. En tono divertido, comentó que casi podía ver lo que las familias preparaban para cenar. Le parecieron una forma extraordinaria de conocer la ciudad, con una característica que —dijo— no ha encontrado en ninguna otra parte del mundo.
Su vínculo con Bolivia también pasa por el café. Kruger contó que en París compra café de especialidad en una tienda que reúne variedades de distintos países y que el boliviano es el favorito de su hogar. Reveló que durante esta visita compró varias bolsas para llevar de regreso.


Entre sus nuevas experiencias mencionó también la comida, las llamas y los suéteres de alpaca.
Más allá de los paisajes y las costumbres, la visita le permitió acercarse a una historia que conocía por su investigación para la película. Como alemana, afirmó que sabía de los vínculos entre su país y Bolivia, tanto de los positivos como de los más difíciles.
La trama de Proyecto K la llevó a reflexionar sobre la memoria y la búsqueda de justicia, asuntos que considera vigentes para las nuevas generaciones.
El filme reconstruye la lucha de Beate y Serge Klarsfeld, quienes dedicaron años a perseguir a Klaus Barbie, antiguo jefe de la Gestapo en Lyon, Francia. Kruger interpreta a Beate, una figura que admira por su determinación y su empeño en impedir que los crímenes del nazismo caigan en el olvido. La describió como un ejemplo de lo mejor de Alemania, una mujer que persigue justicia sin recurrir a la violencia y que no se rinde ante las dificultades.
La actriz explicó que, con los años y desde que se convirtió en madre, siente una mayor necesidad de mirar hacia el pasado, comprender los errores y contar esas historias a las nuevas generaciones. Espera que su hija también encuentre en Beate Klarsfeld un referente. Para ella, recordar no consiste solo en revisar lo ocurrido, sino en transmitir las lecciones de la historia para evitar que se repitan.

Proyecto K, dirigida por Yvan Attal, también cuenta con Tim Roth en el papel de Barbie y Dany Boon como Serge Klarsfeld. La producción se rueda en distintas locaciones de La Paz, entre ellos el centro histórico y zonas de la ciudad que permiten recrear los escenarios de la historia.
Barbie vivió en Bolivia durante más de tres décadas bajo el nombre de Klaus Altmann. Durante ese periodo mantuvo vínculos con sectores del poder, según investigaciones históricas. El Gobierno de Hernán Siles Zuazo lo expulsó a Francia en 1983. Cuatro años después, fue condenado a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad. Murió en prisión en 1991.
Antes de despedirse, Kruger reiteró que quiere volver a Bolivia. Su primera visita estuvo marcada por el rodaje, los encuentros y el descubrimiento de una ciudad que no esperaba encontrar de esa manera.
Aunque no tuvo tiempo para viajar por el resto del territorio, se llevó café boliviano, recuerdos de la ‘Ciudad Maravilla’ y una promesa personal: regresar para conocer el país con más calma.
//MPC/EO

