Deivid Mateo Lima Quispe, de 13 años, combina sus estudios de secundaria con el desarrollo de prototipos de robótica, electrónica y tecnología. | Fotos: Gentileza Deivid Mateo Lima Quispe.

La Paz, 28 de septiembre de 2026 (ABI).– Para Deivid Mateo Lima Quispe construir un robot no se parece demasiado a una tarea escolar. Tampoco diseñar un circuito, programar una placa electrónica o imaginar un satélite. A los 13 años, esas actividades forman parte de un juego que comenzó cuando apenas tenía seis.

“Todo esto yo lo veo como jugar, me gusta hacerlo, no es aburrido”, dijo a ABI al contar cómo nació su interés por la tecnología y cómo sus primeras experiencias con motores dieron paso a ideas cada vez más ambiciosas.

Mientras otros estudiantes de su edad cumplen tareas, salen al recreo o esperan la siguiente clase, Deivid pasa parte de su tiempo entre circuitos, programación y diseños. Está en segundo de secundaria y todavía le quedan cuatro años para terminar el colegio, pero ya piensa en propuestas que buscan aportar a la educación, reducir el uso de combustibles y ampliar las comunicaciones en Bolivia.

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De un helicóptero a la robótica

Su curiosidad comenzó mucho antes de que esas ideas tuvieran nombre. A los seis años, su papá le enseñó a manejar motores. El primer experimento fue un helicóptero de juguete, pero de gran tamaño. Deivid hizo el diseño y su padre lo ayudó con los motores.

“Me gusta más hacer el diseño”, cuenta el adolescente, que después encontró en su tía, una ingeniera con conocimientos en tecnología, otro impulso para continuar su aprendizaje. Así llegó a cursos de robótica y tecnología y puso especial atención en Arduino, una plataforma que utiliza para controlar circuitos, sensores y motores.

El estudiante dedica parte de su tiempo a diseñar circuitos, programar placas electrónicas y probar nuevas ideas. | Foto: ABI.

Con el tiempo, esa curiosidad salió de su casa y llegó hasta su colegio. En 2024, cuando tenía 11 años, Deivid llamó la atención por su trabajo con los equipos de sonido de la Unidad Educativa Luxemburgo. Identificó fallas en equipos que presentaban problemas y aplicó sus conocimientos de electrónica y robótica para contribuir a su reparación y mejorar su funcionamiento.

Un certificado de ese año destaca sus habilidades digitales y electrónicas, mientras que el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana también reconoció sus aportes a la innovación, ciencia y tecnología.

“Protector”

Aquellos primeros trabajos fueron el punto de partida para ideas de mayor alcance.

Uno de ellos es un robot al que llamó “Protector”, un prototipo con forma de tanque que diseñó a partir de su preocupación por los conflictos que provocan los bloqueos.

Su propuesta busca crear un dispositivo que permita reducir la exposición de personas en determinadas situaciones de disturbios o protección de fronteras.

El robot “Protector”, diseñado por Deivid, puede desplazarse en distintas direcciones y recibir órdenes desde un teléfono mediante conexión Bluetooth. | Foto: ABI.

El desarrollo le tomó cerca de un año. Primero hizo el diseño, después trabajó en los circuitos y finalmente en la programación. El prototipo puede recibir órdenes desde un teléfono mediante conexión Bluetooth y desplazarse en distintas direcciones.

“Cuando empecé, antes se sabía volar el chasis, lo he mejorado y ahora ya no pasa eso”, relata sobre las primeras pruebas.

También tuvo que resolver problemas relacionados con la energía, la resistencia y el funcionamiento de los componentes.

Una pizarra que ‘mira’ al futuro

Otro desarrollo apunta a las aulas. Deivid trabaja en una pizarra virtual que puede proyectar contenidos en una pared y ser controlada desde un teléfono por el docente. Su intención es incorporar inteligencia artificial para presentar videos, materias y contenidos de una forma más dinámica.

El primer prototipo le tomó cerca de un mes. Otro, de mayor tamaño, le llevó alrededor de dos años.

Deivid trabaja en una pizarra virtual que proyecta contenidos en una pared y puede ser controlada desde un teléfono por el docente. | Foto: ABI

“Ya no es una pantalla LCD, es una pantalla más grande, sin píxeles”, explica al describir su idea. También piensa en reducir costos mediante el uso de un proyector en lugar de una pantalla de gran tamaño.

La mirada puesta en el espacio

Su imaginación también llegó al espacio. Deivid trabaja en un prototipo que denomina satélite “Uranos”, con la intención de desarrollar desde Bolivia una tecnología que permita ampliar la señal de comunicación.

Todavía está en proceso y el modelo que tiene es pequeño, pero para él representa una meta mayor: que Bolivia pueda desarrollar sus propias tecnologías.

“La cosa es que nosotros hagamos acá un satélite”, dice al explicar su aspiración de construir tecnología espacial con recursos y conocimientos disponibles en el país.

A esa idea se suma otro desarrollo relacionado con la energía. El adolescente trabaja en un prototipo que incorpora paneles solares a vehículos que utilizan combustible, con la intención de aprovechar la energía solar como complemento, reducir el consumo de carburantes y disminuir el impacto en el medioambiente. Su aspiración es que esta tecnología pueda llegar al transporte público.

Otros inventos del adolescente, entre ellos el prototipo de satélite “Uranos” forma parte de las ideas para desarrollar tecnología espacial desde Bolivia y ampliar las comunicaciones.

Sus desarrollos todavía atraviesan distintas etapas y él sabe que necesita más formación para llevarlos más lejos. Por eso quiere viajar a Estados Unidos, conocer laboratorios y continuar su preparación.

“Quiero ir a Estados Unidos a capacitarme más y a mejorar mis inventos”, afirma.

También fortalece su inglés y espera que la posibilidad de formarse en el exterior pueda concretarse.

Algunos de sus profesores y familiares que conocen sus aptitudes —cuenta— le han planteado la posibilidad de que sea considerado bachiller por excelencia y acceda de manera directa a la universidad, pero él tiene otra meta: continuar sus estudios en el exterior.

Un futuro que imagina para Bolivia

Aunque quiere formarse fuera del país, Deivid también piensa en lo que podrá aportar cuando regrese.

“Cuando salga de la escuela sueño que el país sea grande y que tenga tecnología, quiero a Bolivia en lo alto y aportar”, señala.

Entre sus metas está lanzar su proyecto de satélite antes de 2030 y consolidar en los próximos años sus propuestas para la educación y el transporte.

En un mes en que Bolivia acaba de conmemorar el Día del Estudiante, la historia de Deivid recuerda que aprender también puede comenzar con una idea, continuar entre cables y motores y crecer a fuerza de pruebas, errores y nuevos intentos.

“Yo solo les digo a los niños y jóvenes que no se queden atrás, luchen, persigan sus sueños y sigan adelante, que no nos gane la tecnología”, aconseja Deivid.

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