Comunarios urus trasladan un bote sobre el terreno seco del lago Poopó, donde la falta de agua transformó las antiguas zonas de navegación. | Foto: CEPA.

Oruro, 27 de agosto de 2026 (ABI).– El sueño de los urus de volver a navegar y pescar en el lago Poopó todavía puede convertirse en realidad. Aunque el espejo de agua se redujo de forma drástica en la última década, el subdirector del Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA), Limbert Sánchez Choque, considera posible recuperar al menos el 50% del lago con un plan maestro que incluya obras hidráulicas, dragados y una regulación del uso del recurso hídrico.

La posibilidad cobra especial significado este 27 de agosto, cuando se recuerda el Día Mundial de los Lagos, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) para promover la educación y concienciación sobre la importancia de estos ecosistemas y su preservación, conservación, restauración y gestión sostenible.

Un lago que se secó varias veces

El Poopó enfrenta una reducción crítica de su superficie desde hace más de una década. Sánchez Choque explicó a ABI que 2014 fue uno de los momentos más críticos, cuando el segundo lago más importante de Bolivia llegó a secarse prácticamente por completo.

Después hubo periodos de recuperación parcial, pero el fenómeno volvió a repetirse.

“Ya el año 2018, el 2021 y también el 2023, nuevamente el lago se secó completamente”, señaló.

Embarcaciones de los urus permanecen en el antiguo lecho del lago Poopó, donde alguna vez fueron utilizadas para la pesca.

Las lluvias de 2025 permitieron una recuperación importante. Según reportes recogidos por CEPA y testimonios de comunarios, el espejo de agua llegó a cubrir aproximadamente el 70% de la superficie del lago. La recuperación, no obstante, no se mantuvo.

En 2026, antes de las precipitaciones recientes, solo quedaban pequeños espejos que representaban alrededor del 30% del área, de acuerdo con las inspecciones y monitoreos mencionados por Sánchez Choque.

Las lluvias de los últimos días permitieron una recuperación parcial. El especialista estima que actualmente el espejo de agua ronda el 30% y algo más.

La presencia de agua, por tanto, no significa que el Poopó se haya recuperado.

El lago Poopó recuperó parte de su espejo de agua tras las lluvias, aunque la superficie permanece muy por debajo de su extensión histórica. | Foto: CEPA.

El agua no es el único problema

El Poopó forma parte de una cuenca endorreica y cerca del 90% del agua que lo alimenta llega a través del río Desaguadero, que conecta con el sistema del lago Titicaca.

Ese río enfrenta distintos problemas. Parte de sus aguas es utilizada por sistemas de riego de La Paz y Oruro, mientras que las actividades mineras y otros usos también inciden en la cantidad que finalmente llega al lago. A este escenario se suma la crisis climática.

En el altiplano, a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar, las altas temperaturas incrementan la evaporación. Las precipitaciones de enero y febrero no siempre alcanzan para compensar la pérdida de agua durante el resto del año.

Pero existe otro problema menos visible: la acumulación de sedimentos.

Sánchez Choque utiliza una comparación para explicar la transformación del lago: “Es como un plato hondo que debería ser un lago, prácticamente ahora vemos un plato plano”.

Las lluvias llegan, pero el líquido se extiende por una enorme planicie y alcanza poca profundidad. Según el especialista, en algunos sectores llega apenas a entre 50 y 70 centímetros.

“Cuando menos profunda es el agua, los niveles de evaporación son mucho más fuertes en nuestro lago Poopó”, explicó.

Por eso, una recuperación duradera no depende únicamente de que vuelva a llover.

Recuperar al menos una parte

Frente a este escenario, Sánchez Choque considera que todavía no se debe dar por perdido el Poopó.

“Una cosa muy importante es que no podemos renunciar si ahora el lago se seca”, afirmó.

Su propuesta apunta a un plan maestro o plan director para recuperar y proteger el lago, con obras hidráulicas, dragados en determinadas zonas y estructuras que permitan contener el recurso hídrico para evitar que se disperse por toda la planicie.

También plantea una normativa que regule el uso y aprovechamiento de las aguas del río Desaguadero, además de acciones de protección ambiental y forestación.

La meta no necesariamente sería recuperar el lago en toda su extensión histórica, sino preservar una parte que permita mantener su función dentro del ecosistema.

“Creo que por lo menos, si no vamos a salvar el 100% del lago Poopó, tendríamos como meta salvar por lo menos el 50% del lago”, sostuvo.

Para el especialista, esa recuperación es posible si se articulan la ciencia, la academia y los conocimientos de las comunidades.

“Creo que eso es factible, sí es posible”, afirmó.

El lago era su territorio

El deterioro del Poopó transformó la vida de los tres pueblos urus vinculados al lago: Puñaca Tinta María, Villanique y Llapallapani.

Durante generaciones, estas comunidades vivieron de la pesca, la caza y la recolección de huevos. La totora también formaba parte de su vida cotidiana y era utilizada para elaborar embarcaciones, viviendas y artesanías.

Con el retroceso del espejo de agua, esa forma de vida quedó prácticamente interrumpida. Muchos jóvenes migraron hacia otras ciudades e incluso otros países en busca de trabajo, mientras las familias que permanecieron tuvieron que buscar nuevas alternativas económicas.

Para los urus, la pérdida del Poopó no significó solamente dejar de pescar. También significó perder el territorio sobre el que construyeron su identidad.

Sánchez Choque explica que, cuando se realizó el saneamiento de tierras, los urus no reclamaron extensiones mayores porque su concepción territorial estaba ligada al propio lago. No imaginaban que algún día dejaría de existir como fuente de vida.

Ahora, una de sus principales demandas es contar con tierras para producir alimentos y desarrollar actividades como la ganadería.

La memoria que quedó del lago

El vínculo permanece incluso después del retroceso del Poopó.

“Siempre me sueño con el lago”, dijo Erasmo Suma Flores, uno de los comunarios retratados en el reportaje Bolivia: los huérfanos del lago Poopó, de ARTE.tv, producido en 2023 y republicado en sus redes sociales recientemente.

Erasmo conserva parte de su antiguo bote, además de la paleta y la red que utilizaba para pescar.

“Como siempre, cazaba y pescaba aquí en este sector del lago porque había agua dulce”, recuerda.

Ahora observa un paisaje distinto.

“Siento una tristeza que se haya desaparecido mi lago. Antes vivía con el lago. Ahora ya no hay nada”, cuenta.

También recuerda las aves que antes formaban parte del paisaje.

“Más antes, cuando había el lago, había todo alrededor, era con flamencos. Pero ahora no hay nada. Todo ha muerto”, relata.

Esas especies forman parte ahora de la memoria que Abdón Choque intenta preservar.

En una pequeña construcción levantada junto a otros jóvenes funciona un museo rústico donde se conservan aves disecadas del lago. Son ejemplares encontrados muertos por los comunarios y que ahora permanecen como testimonio de una biodiversidad que alguna vez estuvo presente en el Poopó.

Abdón explica que algunas especies migraron hacia otros lagos tras el deterioro del ecosistema. El museo nació también para enseñar a las nuevas generaciones que la cultura uru continúa viva.

“El mensaje que nos queremos dar es que los urus existen”, afirma.

Botes, redes, fotografías, totora y aves forman así parte de una memoria que los niños de hoy conocen principalmente a través de sus padres y abuelos.

La esperanza también se mantiene en las ceremonias de las comunidades. Ellos realizan ofrendas a Mamá Qocha, la divinidad del agua, aunque cada vez resulta más difícil encontrar el líquido necesario para cumplir con el ritual. La esperanza, no obstante, permanece.

Y mientras los urus esperan volver a navegar, la recuperación de al menos el 50% del lago aparece como una meta que, según el especialista del CEPA, todavía puede ser posible.

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