Caciano Huanca ofrece sus dulces para la tos mientras recibe la visita de los Trovadorcitos en inmediaciones de la estación central de la Línea Morada de Mi Teleférico, en La Paz. | Foto: Gentileza Los Trovadorcitos.

La Paz, 26 de agosto de 2026 (ABI).- Hay mañanas que comienzan temprano, aunque el cuerpo ya no responda con la misma rapidez de antes. Una bolsa de dulces o unas cuantas golosinas se convierten en el sustento de quienes todavía buscan unas monedas. También hay quienes encuentran en una conversación, un abrazo o un paseo una razón para sentirse acompañados. Son historias que Los Trovadorcitos conocen de cerca y que este año los llevaron a iniciar una nueva campaña de apoyo a las personas adultas mayores.

Este 26 de agosto, Bolivia conmemora el Día de la Dignidad de las Personas Adultas Mayores, una fecha que busca visibilizar los derechos y las condiciones de vida de este sector de la población. En ese contexto, el colectivo integrado por niños y adolescentes volvió a mirar hacia quienes todavía trabajan para ganarse el día y decidió extender su campaña hasta el 6 de septiembre.

En las calles de La Paz y El Alto, detrás de esas pequeñas ventas y de rostros que muchas veces pasan inadvertidos, hay historias que hablan de trabajo, pérdidas, recuerdos, compañía y ganas de seguir. Algunas de ellas llegaron hasta los Trovadorcitos y se convirtieron en el motivo para continuar con una iniciativa que impulsan desde hace siete años.

Una de esas historias es la de Caciano Huanca. A sus 82 años, todavía conserva la fuerza para movilizarse y cada día emprende el camino desde Senkata, en El Alto, hasta el centro paceño. Lleva una pequeña bolsa con dulces para la tos, de esos de color verde y sabor a eucalipto, que ofrece para aliviar el malestar de la garganta. Cada uno cuesta Bs 1 y su capital no supera los Bs 20.

Caciano recibe el abrazo de uno de los niños de Los Trovadorcitos durante uno de sus encuentros en el centro paceño.

Entre las 10.00 y las 16.00 permanece cerca de la estación Centro del Teleférico Morado, en inmediaciones del Obelisco. El espacio donde se instala es angosto, por eso pasa las seis horas de pie. Al final del día aparecen los dolores en los pies y en la espalda. Son las señales de una jornada que el cuerpo ya siente, pero que Caciano no quiere abandonar. Tiene un hijo, pero quiere trabajar. Quiere sentirse útil.

Los niños conocen esa rutina. Cada vez que pasan por el lugar, se acercan a saludarlo. Lo abrazan. Conversan con él. A veces le llevan una empanada, otras un queque y, en alguna ocasión, un almuerzo.

Esos encuentros hicieron que Caciano dejara de ser solo el hombre que vende dulces cerca del Obelisco para convertirse en una de las personas a quienes el grupo decidió acompañar.

Silverio y Facunda, juntos

Pero no todas las historias tienen como centro la soledad. Silverio, de 78 años, y Facunda, de 80, llevan aproximadamente 58 años de matrimonio y todavía permanecen uno al lado del otro para ganarse el día.

En Villa Mercedes, El Alto, por el camino a Viacha, venden helados en inmediaciones de un colegio. Uno junto al otro, comparten también las horas de trabajo. Se acompañan y se apoyan.

Silverio y Facunda, una pareja que lleva cerca de seis décadas de vida compartida, permanece unida también en las jornadas de trabajo.

Su relación con Los Trovadorcitos tiene una particularidad: ellos también ayudan a los niños. En varias ocasiones prestaron su vehículo para que el grupo pueda trasladarse hasta las carreteras y repartir alimento a perros abandonados.

“Ellos son nuestros abuelitos, siempre nos apoyaron con la movilidad para ir a nuestras campañas para alimentar perritos, nosotros ponemos la gasolina y los demás gastos”, contó el fundador y director del colectivo, Jhosney Emanuel Paca, a ABI.

Agustina y los hijos que aparecen como en sueños

Una vez al mes, Agustina, de 76 años, deja su localidad de Potosí y llega a la sede de gobierno. Se queda durante una semana para vender golosinas. Compra la mercadería con lo poco que consigue. A veces lleva unas cuantas galletas; otras, solo algunos dulces.

Se instala en inmediaciones de la Lotería Nacional o junto a la Unidad de Tránsito de la Policía, en el centro paceño. Cuando termina el día, busca refugio en la Terminal de La Paz.

Habla principalmente aymara. El castellano no es su lengua y eso hace más difícil contar lo que vive. Su rostro lleva las huellas de los años y, cuando recuerda su pueblo, sus ojos parecen detenerse en otros tiempos.

Agustina conversa con Octavio Blas Huanca, integrante de Los Trovadorcitos, durante uno de los encuentros que dieron a conocer su historia.

Cuenta que la tierra es dura y que ya no puede producir alimentos. Antes tenía ovejas y llamas junto a su esposo. Después de que él murió, sus hijos vendieron los animales y se repartieron lo que tenían.

A ella le dejaron una pareja de cada especie, pero con el paso del tiempo ya no pudo cuidarlas y tuvo que venderlas para subsistir.

Sus hijos ya no están con ella. Cuando habla de ellos, dice que alguna vez aparecen para verla, como en sueños. Después vuelve a la realidad de cada viaje.

“Con lo que ella gana en una semana se va a su pueblo y con eso se compra sus víveres. No es mucho lo que gana, es por eso que nosotros pedimos ayuda porque está muy mal económicamente, queremos darle una felicidad”, relató Octavio Blas Huanca, integrante del colectivo.

Aida pide paciencia

En la zona Santa Rosa de El Alto, una pequeña tienda es para Aida, de 83 años, mucho más que un lugar donde descansar. Allí vive y también intenta conseguir unas monedas con la venta de algunas golosinas.

Una parte de su Renta Dignidad se va en el alquiler. Con lo que queda y con esas pequeñas ventas debe procurar su comida. Su vida transcurre casi en soledad. Es huérfana de padres y cuenta que sus hermanos dejaron de tener contacto con ella hace mucho tiempo.

Aida atiende su pequeña venta de golosinas en la zona Santa Rosa de El Alto, donde también tiene su hogar.

Aida ya no camina con la facilidad de antes. Sus ojos tampoco le permiten distinguir bien las cosas. Por eso, cuando alguien se acerca a comprarle, pide paciencia. No puede moverse rápido ni ver con claridad los billetes que recibe.

Cuenta que algunas personas se aprovechan de esa dificultad y le entregan billetes falsos. Pero lo que más pesa no parece estar en sus piernas ni en sus ojos.

Cuando Los Trovadorcitos llegaron a conversar con ella, Aida terminó llorando. La soledad apareció en medio de la conversación.

“Después de hablar con nosotros se quebró, literal se quebró en llanto, se amargó porque ella se encuentra muy sola”, relató Jhosney.

Bárbara, caminar con dolor para ganarse el día

Mientras tanto, en la zona 16 de Julio de El Alto, Bárbara Alave, de 86 años, extiende una bolsa de yute y sobre ella acomoda unos cuantos paquetes de higiénicos y montones de chuño.

Aunque le duelen las piernas, cada mañana camina hasta la plaza principal para intentar conseguir unas monedas. No siempre vende lo suficiente. Hay días en que apenas logra reunir para su comida. Por cada higiénico que ofrece a Bs 1, recibe solo Bs 0,20.

Aun así, vuelve cada mañana, acomoda su mercadería y espera a los compradores. En su rostro se dibuja la preocupación cuando cuenta que fue desalojada de su casa. La pérdida no la ha detenido. Al día siguiente, sus piernas vuelven a llevarla hasta la plaza.

Actualmente, los Trovadorcitos acompañan a entre 12 y 15 personas adultas mayores, a quienes llaman sus “abuelitos adoptados”.

Bárbara Alave, en su puesto de venta de chuño y paquetes de higiénicos que ofrece cada mañana en la zona 16 de Julio de El Alto.

Para reunir recursos, los niños guardan parte del dinero de sus recreos y recurren también a sus ahorros. En estos días ya entregaron dos canastones y prevén continuar con la iniciativa hasta el 6 de septiembre.

El diputado Víctor Huaranca les hizo llegar Bs 500 para la causa.

“Seremos muy responsables con el dinero que nos dio. También nosotros, con los ahorros que logramos juntar, estaremos preparando los canastones”, afirmó Jhosney.

Este lunes prevén entregar un canastón a Caciano en Bolivia TV y también apoyar a Agustina durante su próxima estadía en La Paz.

La campaña recibe alimentos y otros productos básicos, además de frazadas, ropa y zapatos en buen estado. También se puede aportar con juguetes para los niños que están bajo el cuidado de algunas de estas personas.

Quienes estén interesados en apoyar la acusa pueden comunicarse al WhatsApp 70566822 y seguir las actividades del colectivo en Facebook y TikTok.

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