La Paz, 26 de agosto de 2026 (ABI).- Ni peleas por bailar o rapear mejor. Lo que manda hoy en las plazas son las batallas de “farmear aura”. El gran reto viral del momento entre jóvenes y adolescentes llegó a Bolivia y consiste en demostrar, con una pose, una mirada o un movimiento, quién es el más cool del lugar… aunque a veces el resultado raye en lo contrario.
No hay golpes ni una coreografía que seguir. Dos o más participantes se colocan frente a frente y recurren a caminatas lentas, poses extravagantes, gestos elocuentes, movimientos y referencias a memes para conseguir la mayor reacción. Los gritos y aplausos determinan quién gana.
La expresión reúne dos conceptos tomados de la cultura digital. En el lenguaje de internet, “aura” se utiliza para describir la presencia, seguridad, estilo o magnetismo que una persona transmite. “Farmear” proviene de los videojuegos, donde significa repetir determinadas acciones para acumular recursos, experiencia u objetos.
El experto en derecho y tecnología Mario R. Durán Chuquimia explicó a ABI que esta combinación traslada la lógica de los videojuegos a la vida cotidiana. En las batallas, los participantes realizan acciones repetitivas para acumular de manera simbólica carisma, confianza y presencia.
Para Durán, esta tendencia refleja una “profunda gamificación de la vida social”, ya que mecánicas propias de los videojuegos pasan a formar parte de las relaciones y actividades presenciales.
De internet a las plazas bolivianas
La tendencia, muy viral en Latinoamérica, ya tiene escenarios en distintas ciudades del país. En La Paz, la primera actividad se efectuó el 19 de agosto en la plaza Camacho y tuvo una segunda etapa el sábado 22 en el Monoblock de la Universidad Mayor de San Andrés, donde se desarrollaron las finales.

En Cochabamba, la plaza Sucre, frente a la Universidad Mayor de San Simón, fue escenario el 22 de agosto de una competencia organizada por un grupo de amigos vinculados a la página de Facebook “Esto es San Simón”.


Jóvenes se enfrentan en la plaza Sucre de Cochabamba, frente a la Universidad Mayor de San Simón.
Tarija se sumó con un campeonato en la plaza Luis de Fuentes, mientras que en Cobija, Pando, jóvenes se reunieron por segunda vez en el Parque Urbano Piñata. En Santa Cruz, la actividad llegó hasta la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno.
Los encuentros mantienen una característica común: los participantes no necesitan un escenario formal ni equipamiento especial. Un espacio público, un grupo de jóvenes y personas dispuestas a reaccionar son suficientes para convertir el código de las redes sociales en una competencia presencial.




En las batallas se pueden recrear memes y gestos conocidos en internet, como el “mewing”, una pose que consiste en presionar la lengua contra el paladar y marcar la mandíbula; la celebración del futbolista Cristiano Ronaldo, con su característico salto y giro; o el movimiento asociado al meme “six-seven”, que acompaña la frase con un movimiento alternado de las manos. El objetivo es generar una reacción que permita destacar frente a los demás.
El meme sale de la pantalla
Durán explicó que las plataformas digitales y los entornos virtuales se convirtieron en espacios de socialización para las juventudes urbanas. Por ello, las expresiones que nacen allí también funcionan como códigos de pertenencia e identidad generacional.
“Farmear aura” no solo describe una actividad. Para quienes comparten ese lenguaje, conocer su significado y reconocer las referencias que lo acompañan permite formar parte de un código común.
El especialista señaló que este fenómeno evidencia la condición “onlife” de la sociedad actual, concepto utilizado para describir una realidad donde las experiencias digitales y presenciales forman parte de un mismo entorno.
En ese contexto, un video visto en el teléfono puede transformarse en una conducta que luego se reproduce en una plaza, una universidad o un parque.
“La viralidad digital actúa como un guion de conducta que los jóvenes escenifican para validar colectivamente el código compartido”, afirmó Durán.
El experto consideró que la palabra “aura” puede ser reemplazada por otro concepto cuando aparezca una nueva tendencia, pero el mecanismo permanecerá: una expresión se vuelve viral, los usuarios la imitan y la convierten en parte de su vida cotidiana.
Un niño viral y una escena de película
El origen de “farmear aura” no tiene un único punto de partida. La expresión ya circulaba en internet desde 2024, vinculada a la cultura gamer, el anime y las redes sociales, pero ganó una enorme visibilidad al año siguiente con un video protagonizado por un niño indonesio.
Rayyan Arkan Dikha, de 11 años, apareció sobre la proa de una embarcación durante la tradicional regata Pacu Jalur, en Indonesia. Su papel era el de bailarín de la embarcación y sus movimientos, acompañados de una actitud relajada y segura, llamaron la atención de Internet. Su imagen se volvió popular y pasó a convertirse en uno de los rostros más reconocibles del llamado “aura farming”.

Pero las redes también encontraron ejemplos mucho más antiguos. En Zoolander, la película de 2001 protagonizada por Ben Stiller y Owen Wilson, los personajes Derek Zoolander y Hansel protagonizan un peculiar duelo de poses durante una escena del filme. Hoy, esa secuencia es compartida y reinterpretada en las redes sociales como una especie de batalla de “aura”, aunque el filme fue estrenado mucho antes de que existiera esta expresión.

Cuando el aplauso se convierte en recompensa
La batalla termina, se apagan los gritos y cada participante vuelve a su grupo. Pero para la psicóloga María Dolores Miranda, la escena también plantea una pregunta sobre la necesidad de sentirse aceptado.
“¿Qué busca esta conducta? Una aprobación social”, explicó la especialista, quien considera que el problema no está en participar de una moda, sino en que una persona llegue a depender de la mirada de los demás para sentirse valiosa.
“Más que la pérdida de identidad, el punto del problema es que vos tenés que depender de los demás, que dejas de ser vos, que no te miras como una persona con tus propios valores, con tus propios criterios, con tu propia personalidad”, sostuvo.

Miranda vinculó esa búsqueda de aceptación con la autoestima, el amor propio y la necesidad de pertenecer a un grupo. Desde su perspectiva, una tendencia como esta también puede ser una señal para que las familias observen y escuchen a los jóvenes, en lugar de limitarse a juzgarlos o ridiculizarlos. “Los chicos tienen muchísimo arte, mucha sabiduría, mucha inteligencia, mucho don”, afirmó la psicóloga, quien planteó que esas capacidades pueden encontrar otras formas de expresión.
La advertencia, en todo caso, no apunta a una pose ni a un meme en particular. El foco está en algo más difícil de medir que el “aura”: cuánto depende cada joven de la aprobación de quienes lo rodean.
Las plazas seguirán siendo escenario de una competencia peculiar: jóvenes cara a cara, poses, miradas, movimientos y un público que decide quién tiene más presencia.
No hay trofeos ni puntos reales. Solo una regla que todos parecen entender. Por unos segundos, quien consigue que los demás lo miren puede decir que ganó un poco más de “aura”.
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