La actualización 2026 del Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia cambió al jaguar de la categoría “vulnerable” a “en peligro”, después de 17 años. | Foto: WWF Bolivia.

Beni, 10 de agosto de 2026 (ABI).- El jaguar que murió en Guayaramerín, departamento de Beni, no es una historia aislada. Mientras uno de estos felinos perdió la vida en una zona habitada, otros luchan por sobrevivir al fuego, a los disparos y a la pérdida de su territorio, en un país donde la especie ya figura como “en peligro”.

El animal apareció en una vivienda del barrio San Francisco. Era dócil, según los testimonios que circularon después del hecho, al punto de que surgió la hipótesis de que pudo haber tenido contacto con personas o incluso haber sido domesticado. Esa versión todavía forma parte de las preguntas que rodean el caso.

Lo que sí quedó registrado fue un desenlace violento. El jaguar recibió varios disparos y murió en el lugar. También surgió la versión de que pudo haber sido ahorcado, un extremo que deberá ser esclarecido por la investigación.

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La muerte provocó indignación y activó un proceso en la Fiscalía del Beni y la Policía Forestal y de Protección al Medio Ambiente (Pofoma). La Fiscalía imputó a uno de los presuntos responsables por los delitos de biocidio y porte ilícito de armas, mientras las autoridades buscan establecer la participación de otras personas.

El caso deja una pregunta incómoda: ¿qué hace un jaguar fuera del bosque y por qué su encuentro con las personas terminó de esa manera?

La respuesta no está solo en Guayaramerín.

Jaguar abatido a tiros en Guayaramerín. | Foto: RR.SS.

Un animal bajo presión

La actualización 2026 del Libro Rojo de los Vertebrados de Bolivia cambió al jaguar de la categoría “vulnerable” a “en peligro”, después de 17 años en la primera clasificación.

El diagnóstico reúne amenazas que se repiten en distintos territorios: la pérdida y fragmentación de los bosques, los incendios forestales, la disminución de sus presas, los conflictos con las personas, la cacería y el tráfico ilegal de sus partes.

El jaguar todavía recorre siete departamentos bolivianos: Beni, Chuquisaca, Cochabamba, La Paz, Pando, Santa Cruz y Tarija. Habita en la Amazonía, los Yungas, el Chaco, la Chiquitania y las sabanas inundables.

Pero su presencia en esos territorios no garantiza su supervivencia.

Entre 2014 y 2023 se detectaron al menos 200 jaguares muertos vinculados al tráfico ilegal de partes en Bolivia. Colmillos, garras, pieles y otros derivados forman parte de ese comercio. El propio Libro Rojo advierte que los casos conocidos podrían representar solo una parte de la pérdida real.

El jaguar tampoco está a salvo de otra amenaza que deja huellas mucho más grandes sobre el bosque: el fuego.

Los incendios destruyen su hábitat, reducen los espacios donde puede encontrar alimento y pueden obligarlo a desplazarse hacia zonas donde aumenta el contacto con las personas. Eso ocurrió con Yaguara.

Yaguara volvió a la selva

En agosto de 2024, una cachorra quedó sola en una hacienda ganadera de Ascensión de Guarayos, Santa Cruz. Había perdido a su madre durante los incendios de la Chiquitanía. La llamaron Yaguara.

Pasó casi dos años en el santuario Ambue Ari. En junio de 2026 volvió a la naturaleza en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, en lo que se convirtió en el primer caso documentado en Bolivia de un jaguar rehabilitado que retorna a su hábitat natural después de un proceso integral de recuperación.

Momento en que Yaguara es liberada en el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, en Santa Cruz. | Foto: Comunidad Inti Wara Yassi.

Su regreso también lleva las marcas del desastre que la separó de su madre. En Palmarito de la Frontera, los incendios de 2024 afectaron cerca del 70% de las 9.652 hectáreas del área de manejo forestal.

Después del fuego, la densidad de jaguares cayó de 3,51 a 0,89 individuos por cada 100 kilómetros cuadrados.

Yaguara volvió al bosque con un collar satelital para seguir sus desplazamientos y conocer si consigue adaptarse a la vida silvestre.

Shiva sobrevivió a los disparos

Shiva, la jaguar baleada con más de 90 perdigones.

Shiva tenía seis meses cuando fue rescatada en marzo de este año en Santa Cruz después de recibir disparos de escopeta. Más de 90 perdigones quedaron alojados en su cuerpo. Una pata y su mandíbula sufrieron graves lesiones.

La cachorra llegó al refugio Senda Verde en estado crítico. Una infección ósea en el maxilar inferior puso en riesgo su vida y obligó a mantener un tratamiento intensivo.

Después de las dificultades para trasladarla a La Paz, los estudios especializados dieron una señal favorable: la infección respondió al tratamiento. Shiva continúa bajo cuidado veterinario.

El Tigre Paulino se quedó

En Palmarito de la Frontera, Santa Cruz, los jaguares tienen nombre. Antes de los incendios de 2024, las cámaras trampa identificaron nueve ejemplares. La comunidad decidió bautizarlos en honor a personas importantes de su historia.

Uno recibió el nombre de Tigre Paulino, por Paulino Aponte, uno de los primeros líderes de la comunidad.

Después del fuego, Paulino fue el único de aquellos nueve jaguares que volvió a ser identificado. Las cámaras registraron otros cuatro ejemplares, pero eran nuevos para los registros.

El patrón de manchas permitió reconocer al felino que ya estaba allí antes del incendio. Para la comunidad, aquella imagen significó esperanza.

“Yo lo que deseo es que el Tigre Paulino se conserve más en nuestro bosque”, expresó Aponte, quien espera que regresen los otros animales y que el jaguar no quede solo.

Paulino Aponte sostiene la foto del Tigre Paulino. | Foto: WWF Bolivia.

En Palmarito, el felino no es solo una imagen capturada por una cámara trampa. Tiene nombre, forma parte de la memoria de la comunidad y es motivo de orgullo.

Un caso entre muchos

El de Guayaramerín murió en un encuentro con personas. Yaguara llegó a la selva marcada por los incendios. Shiva sobrevivió a los disparos. El Tigre Paulino permaneció en un bosque que el fuego transformó.

Sus historias son distintas, pero todas conducen a una misma alerta.

El Libro Rojo no habla solo de jaguares. Sus registros muestran el impacto que la pérdida de hábitat, los incendios, la cacería y otras presiones tienen sobre la fauna silvestre del país.

Por eso, detrás de la muerte ocurrida en Guayaramerín hay más que un caso de biocidio. Está la historia de un animal que salió de su territorio, llegó hasta una casa y encontró allí un desenlace fatal.

Esta vez no hubo regreso al bosque.

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