Potosí, 7 de agosto de 2026 (ABI).- En Potosí, la historia tiene forma de montaña, la tradición se abre paso entre música y danzas, y el paisaje puede convertir la tierra en un espejo. El Cerro Rico, Ch’utillos y el Salar de Uyuni reúnen esas tres dimensiones en una región donde la memoria, las culturas y la naturaleza forman parte de una misma identidad.
El departamento de Potosí, baluarte histórico ubicado a 4.000 metros de altitud al suroeste de Bolivia, se destaca por su legado minero, su casco colonial y sus paisajes.
Por ello, ABI presenta parte de sus patrimonios, recopilados a partir de datos oficiales, que representan solo una pequeña muestra de la vasta riqueza que alberga la Villa Imperial, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
La montaña que dio plata al mundo
Durante el siglo XVI, el Cerro Rico cambió para siempre el destino de Potosí. La montaña se convirtió en el corazón del complejo industrial minero de plata más grande del mundo y alrededor de sus riquezas creció una urbe cuya importancia llegó a traspasar las fronteras.

Según datos históricos, la Villa Imperial llegó a ser una de las ciudades más importantes y pobladas de su tiempo. Un registro colonial realizado en 1611 le atribuía entre 113.000 y 160.000 habitantes, una cifra que superaba entonces a la de Londres, París o Madrid.
Su relevancia estuvo ligada a las grandes vetas de plata de la montaña, cuya riqueza fue utilizada para financiar las guerras de España y sostener parte de su estructura económica y militar.
Una antigua leyenda cuenta que la abundancia del metal era tal que podría haberse construido un puente de plata hasta España. Más allá del relato, sus túneles y galerías conservan la memoria de siglos de explotación minera.
El conjunto patrimonial comprende también los monumentos industriales, los antiguos sistemas de acueductos y lagos artificiales que abastecían las actividades mineras y el pueblo colonial levantado al pie de la montaña. La Casa Nacional de Moneda, la iglesia de San Lorenzo, las antiguas casas patricias y los barrios mitayos forman parte de este paisaje histórico.
Por ese valor, la Ciudad de Potosí, que incluye el Cerro Rico y su arquitectura colonial minera, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco el 11 de diciembre de 1987.
Cuando Ch’utillos convierte la tradición en fiesta
En agosto, Potosí cambia el ritmo. La festividad de Ch’utillos, dedicada a San Bartolomé y San Ignacio de Loyola, reúne expresiones religiosas, culturales y festivas en una celebración que convoca a habitantes de la ciudad y comunidades rurales.
Ferias gastronómicas, música, danzas y una procesión forman parte de la fiesta, cuyo recorrido llega hasta el santuario ubicado en la garganta de Mullu Punku, un espacio natural de impresionantes formaciones rocosas.
La tradición combina elementos de distintas épocas. Antes de la colonia, registros históricos indican que los pueblos indígenas de la nación Q’ara Q’ara ya realizaban allí rituales vinculados al agradecimiento a la Pachamama y al inicio de un nuevo ciclo agrícola.

Durante la época colonial se incorporó la devoción a San Bartolomé. Una leyenda cuenta que los jesuitas difundieron la creencia de que el diablo habitaba en una cueva de Mullu Punku y atacaba a los viajeros. Después de la llegada de la imagen del santo, se atribuyó a este la derrota del demonio y la liberación de la zona.
En las calles, grupos musicales, bailarines y comunidades rurales participan con sus trajes tradicionales, en una expresión que reúne diferentes formas de entender y celebrar la cultura potosina.
El 6 de diciembre de 2023, la Unesco inscribió “Ch’utillos, Fiesta de San Bartolomé y San Ignacio de Loyola, encuentro de culturas en Potosí” en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
El lugar donde el cielo se vuelve espejo
Al suroeste del departamento, el paisaje cambia por completo. El blanco se extiende hasta el horizonte en el Salar de Uyuni, la mayor planicie salina del mundo y uno de los escenarios naturales más singulares de Sudamérica.

Sus 10.582 kilómetros cuadrados forman una inmensa llanura que puede verse incluso desde el espacio. Durante la temporada de lluvias, entre diciembre y abril, una fina capa de agua transforma su superficie en un espejo donde el cielo parece prolongarse sobre la tierra. Entre mayo y noviembre, la época seca deja al descubierto los característicos patrones hexagonales de la sal.
Esa transformación convierte al salar en un paisaje que parece distinto según la época del año y explica parte de su reconocimiento internacional. En 2019 fue distinguido por los World Travel Awards como Mejor Atractivo Turístico Natural de Sudamérica y en 2021 la revista Time lo incluyó entre los 100 mejores destinos del mundo.
Montaña, tradición y sal. En Potosí, tres escenarios distintos conservan una misma riqueza: la capacidad de convertir la historia, las costumbres y el paisaje en parte de la memoria de Bolivia.
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