La Paz, 6 de mayo de 2026 (ABI).- Clara, una adolescente del campo que ayuda a su madre adoptiva en su trabajo de partera, está sentada en un columpio de Totorani, en el valle cochabambino. Despacio desliza su cuerpo adelante y atrás, es como si jugara con su presente y pasado hasta que comienza a cantar en quechua, su voz rompe el silencio y la monotonía del día. Frente a ella hay una vagoneta de un grupo de música chicha, el coche está pintado con colores luminosos, abre la puerta del coche una joven cantante cholita, sonriente invita a Clara a acercarse. De pronto la película “La hija cóndor” parece que va a presentar la transformación de Clara, de oruga a mariposa.
La noche del martes 5 de mayo fue la premier del filme nacional que salta a la pantalla grande esta semana. La película ya fue vista y ovacionada en 40 festivales internacionales y reúne una veintena de premios fuera del país.
Clara, interpretada por Marisol Vallejos Montaño, es la joven sobre la cual gira la historia escrita y dirigida por el cineasta nacional Álvaro Olmos. Ella busca sus sueños entre la ciudad y el campo, así comparte en la ficción un pedazo de su realidad. El centro de la trama está en María Magdalena Sanizo, quien da vida a Ana Lindaura, la mujer cuya misión es traer niños al mundo. La mujer de rostro arrugado conoce del oficio porque vio a su abuela hincarse y ayudar a las embarazadas de su pueblo. Es, como muchas madres, un personaje tierno, pero que no tiene dificultades para mostrar su cariño.

Las actrices Marisol Vallejos Montaño y María Magdalena Sanizo en la premier. Foto: EMPATIA CINEMA
“La hija cóndor” cuenta con actores naturales, aquellos que no estudiaron actuación, pero muestran su vida en el cine y por eso son tan reales ante la cámara, que le dan el realismo a la historia. Esta es una cualidad de la escuela nacional cinematográfica que data de las inolvidables obras de Jorge Sanjinés, como “La nación clandestina” o “El coraje del pueblo”.
Totorani también cumple su rol en el cine. Montañas con cielos limpios, casas de adobe, cementerios abandonados, habitantes con el rostro ajado y la vida monótona que los atormenta y los acurruca al mismo tiempo. Otro tesoro es la fotografía porque ofrece una película repleta de postales. Ahora, monotonía no es sinónimo de aburrimiento; eso sí es parte de la dualidad que hay en la vida misma porque lo que pasa en el campo no es sinónimo de bondad y lo que pasa en la ciudad no es igual a maldad.
Es que el campo está repleto de costumbres y las costumbres no son siempre buenas… ahí tenemos a la anciana que aconseja a una joven: La mujer siempre va a sufrir… la mujer tiene que respetar y acostumbrarse. Y por eso hay mujeres con sueños frustrados a quienes la vida se les parte.
La música es protagonista principal de la historia. Desde el proceso de parto, pasando por el grito de la partera y las tonadas quechuas hasta las canciones chichas del valle cochabambino. Todos los sonidos mezclados casi en las dos horas del filme son un manjar que se disfruta con los oídos… y es una gentileza de Cergio Prudencio quien, junto con Marcelo Guerrero, obtuvo la Biznaga de Plata a la Mejor Música. Esto entre los muchos reconocimientos del filme.
“La hija cóndor” ya está en Bolivia y su vuelo intenta conquistar al público nacional. Quiere confrontarnos desde el machismo silencioso, pasando por el cariño familiar hasta el amor a la tierra y los sueños que no se cumplen.
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