La Paz, 5 de junio de 2026 (ABI). – El diagnóstico no venía en un papel, sino en la piel azul de las manos de Tiago, un niño beniano de tres años. Con los dedos ensanchados en las puntas por la falta crónica de oxígeno, llegó a La Paz en la marcha del Norte Amazónico.
El frío y la altura de la sede de Gobierno colapsaron su frágil cuerpo, activando un rescate de emergencia que conmovió al cuerpo médico del Hospital del Niño: el niño tenía 40% de saturación de oxígeno.
“Eso es terrible. Esta es una situación muy crítica de vida o muerte», explicó la doctora Erika Pérez, conmovida por el estado del menor.
El enemigo silencioso de Tiago era la Tetralogía de Fallot, una cardiopatía congénita grave que sus padres, de origen “muy humilde”, desconocían. Su lucha expone una realidad invisible en el país, donde se suele creer que los problemas cardíacos solo afectan a los ancianos.
«La enfermedad del corazón es la más frecuente al nacer. Uno de cada 100 niños nace enfermo, eso para Bolivia significa 2.500 a 5.000 casos cada año», advirtió la especialista, visibilizando a miles de niños que mueren sin recibir tratamiento.
La intervención quirúrgica era urgente, pero el contexto hospitalario actual juega en contra de los pacientes más vulnerables. Entre la crisis y la impotencia, los médicos se enfrentan diariamente a la dolorosa realidad de postergar cirugías vitales.
«Hemos ido suspendiendo las cirugías. Los papás no pueden traer a los niños, es una situación realmente muy crítica. A mí me da mucha pena porque los que están sufriendo son los más vulnerables, los más inocentes», confesó la galena.
Pese a las adversidades y gracias al soporte de la fundación estadounidense Gift of Life, el equipo médico del Hospital del Niño de la Gobernación de La Paz priorizó el caso de Tiago para salvar su vida.
Tras una operación de alta complejidad, el hospital logró reparar los dos defectos estructurales de su corazón: «La ayuda de Dios es muy grande y nos ha permitido corregir esta cardiopatía. Tiene dos problemas fundamentales, una obstrucción a la salida de la sangre hacia el pulmón y otro problema que es una comunicación anormal dentro del corazón. Hemos resuelto las dos cosas», explicó la cirujana.
Extubado, hoy, Tiago se recupera extrañando el calor de su natal Santa Ana del Yacuma. Aunque sigue en estado crítico, el alivio volvió a los ojos de sus padres y de los médicos que se convirtieron en sus ángeles guardianes.
«Ahora respiramos un poco más tranquilos, creemos que se va a poder ir bien a la casa. Es un niño hermoso y es un luchador», relató la doctora Pérez al gobernador de La Paz, Luis Revilla, quien recibió la noticia en su inspección al nosocomio, de acuerdo con un reporte institucional.
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